

Hoy sentimos pesar ante la partida de Doña Panchi, como todos la hemos conocido. Una mujer con fuerza y bondad abundante en su corazón. Panchi se ganó el amor de muchos y el respeto de los que la rodeaban. Solo la motivaba servir a los demás y mostrar, con el ejemplo, que el servicio a los demás debe ser el motor de todos y el motivo de existencia.
Panchi ayudó a cuidar a sus hermanos, fue una hija obediente y apoyó a su familia siempre. De joven viajó a Nueva York, donde vivió en casa de sus tíos, trabajó y envió apoyo económico a su familia. Conoció en ese momento a quien fue el amor de su vida, su esposo, Basil. Luego de 10 años de matrimonio llegó su tesoro y única hija, Ada Ivette. Vivieron más de 35 años de felicidad, amor, satisfacción y alegrías.
Panchi fue el pilar de su casa y de su familia. Organizaba todo y siempre estaba dispuesta a trabajar cualquier tarea hogareña desde la limpieza hasta treparse en el techo a lavar y pintar. Se pasaba cantando o pitando bajito las canciones que le gustaban.
Por años tuvo tradiciones que extrañaremos mucho como lo eran los pasteles en Navidad, que preparaba con Lilliam, y el famoso y único “arroz con dulce de Titi Panchi”, que era muy esperado por todos. Le sobrevive una hermosa familia. Su hija Ada Ivette, nieta Amanda Liz, hermanos, sobrinos y amistades que se unen en el amor y agradecimiento al Señor; por habernos permitido disfrutar de Panchi y haber recibido lo mejor que ella podía dar: AMOR…
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v.1.18.0