Aunque vivió con una discapacidad, César estuvo siempre lleno de vida. Era una persona alegre, con un espíritu luminoso que contagiaba a todos a su alrededor. Amaba la música, disfrutaba bailar y nunca perdía la oportunidad de celebrar. Le encantaba “tomar”, como él mismo decía, y vivir cada momento con intensidad y alegría.
César fue un ser profundamente amoroso y muy querido por su familia. Le sobreviven su madre Martha A. García, su hermano Iván Chávez, así como numerosos tíos, tías y demás familiares que lo amaron entrañablemente y que hoy sienten su ausencia con gran pesar.
Su presencia dulce, su energía vibrante y la alegría que regaló a todos permanecerán para siempre en la memoria de quienes tuvieron el privilegio de conocerlo.
Descanse en paz, César. Tu luz y tu espíritu vivirán eternamente en nuestros corazones.