Juan “El Chato” Alcantar nació en Chapala, Jalisco, hijo de Don José Alcantar Terriquez y María de Jesús “Doña Chuy” Salcedo López. Desde muy pequeño llevó en el corazón el espíritu de un aventurero; fuerte, curioso y sin miedo al trabajo duro. Ese espíritu marcó al hombre en el que se convirtió.
Desde joven, “El Chato” descubrió que sus manos eran su don. La construcción no fue solamente su profesión; fue su orgullo. “El Chato” llegó a ser reconocido como uno de los mejores trabajadores de la construcción; un hombre capaz de construir, reparar y crear con precisión y dedicación. Cada estructura que ayudó a levantar reflejaba su carácter: firme, confiable y hecho para perdurar.
La vida le dio su mayor bendición cuando conoció a “Pina,” el amor de su vida. Juntos construyeron algo aún más grande que cualquier obra: una familia cimentada en fortaleza y amor. Criaron a cinco hijos: Luzma, Miguel, Mayra, Julio (quien descansa en paz), y Edgardo. “El Chato” amó profundamente a sus hijos, proveyendo para ellos con sacrificio silencioso, compromiso inquebrantable y el corazón protector de un padre.
Pero si hubo un papel que “El Chato” amó por encima de todos, fue el de abuelo.
Su verdadera vocación, su alegría y la luz de su vida fueron sus nietos: Julia, Oscar, José Miguel, Julio Alejandro, Jordy, Joaquin Emiliano, Julio Manuel, Julio, Edgardo, Sarahí y Samuel, junto con sus dos bisnietos, Sophia y Leo.
Con ellos, “El Chato” era risa, ternura y amor infinito. Eran el brillo en sus ojos y la continuación de todo aquello por lo que trabajó incansablemente. “El Chato” amaba en silencio, pero con una fuerza inmensa; demostrando su amor con acciones, protección y presencia. Tal vez no siempre decía muchas palabras, pero su amor era profundo y evidente.
“El Chato” fue un hombre de fortaleza, humildad y resiliencia. Un proveedor. Un protector. Un pilar.
Aunque nuestros corazones están rotos por su partida, su legado permanece firme en cada lección que enseñó, en cada recuerdo compartido y en cada hijo y nieto que lleva su nombre y su espíritu.
Descansa en paz, Juan “El Chato” Alcantar.
Tus manos construyeron hogares, pero tu obra más grande siempre será tu familia.