

Ignacio Jaime
On Wednesday, July 31, 1918, Ignacio “Nacho/Nachito/Grandpa” Jaime was born to Ines Jaime and Gregoria Herrera de Jaime in Lynnwood, CA.
As a child, he grew up with nine siblings (six brothers and three sisters): Juan, Cecilio, Ramon, Trinidad, Adolfo, Antonio, Micaela, Lucita, and Frances. Ignacio was always proud of the fact that he would walk five miles to and from school. During high school he enjoyed participating in the wrestling and tennis teams. He would also work on the family farm growing different crops and flowers that they sold at their local markets. As a family they survived the Great Depression from the crops they grew and the animals that provided them with organic products, such as butter, milk, cheese, fruits, and vegetables.
Ignacio enlisted in the U.S. Army and after returning from military service he began his career in construction. After working in the Los Angeles area for a short period of time, he decided to travel to Mexico to visit friends.
In 1950 he traveled to Zacatecas, Mexico where he met his wife, Raquel Yemha. It was love at first sight and shortly after dating for four months, Ignacio and Raquel were married on October 28, 1950. Soon after they were married they moved to Tijuana, Mexico and began their journey as husband and wife together. They had seven children: Jesus, Jose, Carlos, Nancy, Graciela, Carmen, and Roberto.
During their time in Tijuana, Ignacio built a home from the ground up that him and his family would live in. Ignacio would cross the border on a daily basis in the wee hours of the morning to go to work in construction, sometimes traveling all the way to Riverside. In 1970, Ignacio moved his family to Chula Vista, CA where they purchased a home and where he would reside until his passing days.
After working for forty-five years as a plasterer he decided to retire at the age of 62. During his retirement he enjoyed to keep himself busy by working on several projects such as building furniture, repairing appliances around the house (even those that were not broken), tending to his fruit trees and plants, creating his own compost, browsing the aisles of Goodwill, and his continuous outings. He also loved to spend time in the kitchen preparing his home made hot salsa and natural juices. He would relax by reading the morning paper, National Geographic, or Time Magazine. His evenings were spent by drinking hot chocolate and eating pan dulce while watching the news, luchas, and soccer.
Although Ignacio grew up in a very disciplined home he was a quite the practical jokester. He loved to start a conversation with complete strangers, wander up and down the aisles of Home Depot or any grocery store, and even pretended he was from the South speaking with a Southern accent.
Ignacio had a big heart and always supported his children, grandchildren, and who ever needed help. He encouraged everyone to go to school, be successful, and be the best that they could be. He would always say he would be their first client if they ever opened a business.
In January 2012 at the age of 93 he was diagnosed with adenocarcinoma. For the next two years he fought a hard battle every day until his very last breadth.
Ignacio entered into eternal life on a rainy day on Saturday, March 1, 2014 at 6:13pm surrounded by his loving family. He is survived by his wife, Raquel; his children, Carlos, Nancy, Graciela, Carmen, and Roberto; his sons-in-law Jorge and Ricardo; his daughter-in-law, Angelica; and his grandchildren Carlos, Georgina, Christopher, John, Jennifer, and Raquel; his great-grandchildren Sebastian and Oliver.
Although he is not present with us today, he will always be remembered and live in our hearts forever. May God Bless him.
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Biografía de Ignacio Jaime
El 31 de julio de 1918, en la ciudad de Lynnwood, California, nació Ignacio “Nacho/ Nachito/ Grandpa” Jaime dentro de la familia Jaime Herrera, su padre Inés Jaime y su madre Gregoria Herrera de Jaime; de niño, Nachito creció junto con sus nueve hermanos: Juan, Cecilio, Ramón, Trinidad, Adolfo, Antonio, Micaela, Lucita y Francés.
Nachito siempre estuvo orgulloso de que cuando niño caminaba cinco millas diarias para llegar a la escuela. En la secundaria le gustaba participar en los deportes de tenis y la lucha libre. También, ayudaba en los sembradíos de la familia, como plantaciones de flores, frutas y verduras los cuales se vendían en los mercados locales y del vecindario. Como familia, sobrevivieron la época de la gran depresión consumiendo las cosechas de los sembradíos y productos lácteos.
Ignacio se enlisto en el servicio militar. Al regreso del servicio, empezó a trabajar en la construcción. Después de trabajar un corto tiempo en la ciudad de Los Ángeles decidió viajar a México por motivos de visitar familiares y amistades.
Nachito visito la ciudad de Zacatecas, México en 1950. Allí conoció a su adorada esposa, Raquel Yemha, que fue amor a primera vista. Se cortejaron por un corto tiempo y decidieron casarse el 28 de octubre de 1950. Ambos se mudaron a la ciudad de Tijuana, México donde empezaron una familia, y juntos tuvieron siete hijos: Jesús, José, Carlos, Nancy, Graciela, Carmen, y Roberto. Es allí en Tijuana donde Nachito construyo su casa desde los cimientos hasta el techo en la cual su familia viviría. Ignacio cruzaba la frontera todos los días en la madrugada para trabajar en la construcción. Muchas de las veces manejando 100 millas para llegar al trabajo. En 1970, Ignacio y su familia decidieron mudarse a la ciudad de Chula Vista, California donde vivió hasta sus últimos días.
Después de trabajar 45 años como emplastador, decidió jubilarse a la edad de 62 años. Durante su jubilación, siempre se mantuvo activo con proyectos en la agricultura, carpintería, y reparaciones de la casa. Incluso, le gustaba relajarse leyendo sus periódicos (U-T San Diego y El Mexicano) y revistas (National Geographic y Time Magazine). Por las noches le gustaba beber su chocolatito caliente con pan dulce mientras miraba las luchas libres o el fútbol.
Aunque Ignacio creció con mucha disciplina, le encantaba ser bromista y platicar con cualquier persona. Muchas de las veces en sus salidas a Home Depot o Goodwill, pretendía ser sureño hablaba con un asentó del estado de Alabama.
Nacho tenía un gran corazón y siempre ayudaba a todos. Le gustaba motivar a la gente que siguieran estudiando y ser exitosos en la vida. Sus palabras favoritas de Nachito eran “ser y hacer lo mejor en la vida”. A todos les sugería que empezaran su propio negocio. Y si, así fuera, él sería su primer cliente.
En enero del 2012, a los 93 años, lo diagnosticaron con la enfermedad adenocarcinoma (cáncer del los pulmones). En sus últimos años, Nachito peleo fuerte contra el cáncer cada día tomando su medicamento y yendo a las citas de quimioterapia hasta su último respiro.
Ignacio Jaime falleció sábado el 1ero de marzo de 2014, a las 6:13pm en su casa. Nachito paso a la vida eterna acompañado de su familia. Dejo a su esposa Raquel; sus hijos Carlos, Nancy, Graciela, Carmen y Roberto; su hermana, Francés; su nuera, Angélica; sus yernos Jorge y Ricardo; sus nietos Georgina, Carlos, Christopher, Jonathan, Jennifer, y Raquel; y sus bisnietos Sebastián y Oliver. Aunque Nachito no esté presente hoy con nosotros siempre vivirá en nuestros pensamientos y corazones. Dios lo bendiga.
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Unas palabras departe de su hijo Carlos
Papá, permítame decirle Nachito, como siempre le decía de cariño:
A nombre de nuestra señora madre y esposa suya, Doña Raquel, de mis hermanas Nancy, Graciela y Carmen, y de mi hermano Roberto. Además de sus nietas Georgina, Jennifer y Raquelito, y también de mis hijos que son sus nietos, Carlos, Joanathan y Christopher, de sus bisnietos Sebastian y Oliver, al igual que de su nuera Angélica, y de sus yernos Jorge, Ricardo y Rubén, sin olvidar a nuestra tía Francisca, hermana suya; queremos expresarle con el alma y con todo nuestro corazón, que nos duele mucho su partida pero nos alienta más que sea hacia la Casa de Nuestro Padre Dios. Aunque humanamente estamos agobiados por la tristeza, nos sobreponemos sabiendo que ahora está descansando en paz, gozando de la presencia de Dios en unión con todos sus seres queridos, que se han adelantado. Usted ya superó lo efímero, ya no está atado a lo terreno, ni al lecho del dolor por la enfermedad que padeció, creo que Dios lo purificó de esta manera para llegar a su encuentro con Él, a su Paraíso. Le repito, eso nos sirve de gran consuelo.
Sólo Dios sabe cuánto sufrimos toda su familia en los momentos que estuvimos acompañándolo papá, cuando estaba postrado en la cama, y que cada media hora, de día y de noche, teníamos que aplicarle medicamento y ahí lo veíamos y lo escuchábamos, -con toda su entereza de esposo y padre-, luchando heroicamente con el dolor y dándonos ejemplo de cómo se sobrelleva la cruz del sufrimiento, siempre invocando el nombre del Señor Jesús que es esperanza de la Vida Eterna. Y también al oírlo invocar a la Virgen María, como intercesora y consoladora de todo dolor y de todo sufrimiento.
Papá, por todos los años que Dios nos permita vivir en este mundo estaremos recordando y haciendo nuestras sus palabras de gratitud por habernos dicho que se sintió pleno y realizado como persona, como esposo, como padre y como abuelo. Gracias de nuevo papá por la serenidad que usted nos dio al hacer menos tristes los momentos de su agonía. Tenga por seguro que sus palabras las tomamos como un valioso mensaje que se queda en nuestro ser. A este “gracias” le aunamos nuestras palabras de quererle rogar su perdón por todas aquellas situaciones de nuestra vida que, voluntaria o involuntariamente, lo hicieron pasar por un mal momento. Por eso le decimos, gracias papá, porque un verdadero padre lo perdona todo.
En muchos de los recuerdos que nos quedan de usted está uno que materialmente todavía existe, usted lo ha de recordar desde el cielo. Hace muchos años, en un cierto día, nos hizo poner nuestras manos de niños, en el cemento fresco de una banqueta, para que quedaran marcadas nuestras huellas. Pienso que a través de este detalle usted le pidió a Dios que nuestras manos siempre fueran bendecidas y que también fueran un instrumento para el trabajo, que sirvieran para labrarnos una vida digna por el mérito de un trabajo honesto y honrado. Y de hecho así fue, porque usted y nuestra mamá nos inculcaron la gracia de saber trabajar. Éramos como una pequeña empresa, usted estaba al frente enseñándonos mil maneras de luchar haciendo los quehaceres. Eso sí, con mucha disciplina, con mucha tenacidad y la constancia que no debía de fallar, todo esto, con el propósito de enseñarnos y formarnos en conciencia para pasar a otro nivel de nuestras vidas. Y así fue, nos superamos y logramos alcanzar la meta de graduarnos en la universidad y tener una carrera profesional. Por eso, le damos gracias papá, porque a pesar de que algunas veces le fallamos en situaciones de nuestras vidas, siempre nos dio la cara y nos miró a los ojos con ojos de perdón.
Cada uno de nosotros, su familia, tenemos muchos cosas que agradecerle, pero lo más importante es aquello que en este momento tengamos que decirle al oído; será a un oído que es también de Dios, porque ya no tiene limitaciones, porque ya no hace falta la palabra hablada en la vida sobrenatural de la cual usted papá ya goza. Esto me lleva a invitar a la familia a que guardemos un momento de silencio y le hablemos con la mente y con el corazón, y le digamos aquello que sentimos y que por algún motivo no pudimos decírselo en vida.
Para mí, todo esto que le estoy diciendo significa una plegaria que hago mía y de toda la familia. Es una plegaria de adoración al Creador por la dicha de haber tenido un papá conforme a la imagen de Dios Padre.
Por eso, te pedimos Señor que el alma de nuestro papá duerma el sueño de los justos y que su espíritu sea un puente de intercesión para que todos nosotros, su familia, sintamos siempre su presencia protectora que nos impulse a continuar nuestras vidas en armonía y gozo, siempre poniendo en práctica el ejemplo que nos dejó como herencia, no sólo por la palabra sino por el testimonio de la obra.
Gracias Señor por haber permitido que nuestro papá estuviera con nosotros 95 años, 7 meses y un día. Gracias Señor por la larga vida que le concediste. Gracias Señor porque tú eres nuestro consuelo y porque nadie te gana en bondad y en misericordia!
Por último quiero decirles a todos ustedes que están aquí presentes, que la Familia Jaime Yemha y las familias que son parte de ésta, que les agradecemos profundamente su compañía y sus sentimientos de condolencias. Ya desde antes familiares y amigos nos han tendido sus manos y han estado muy cercanos a nuestro señor padre y a la familia a través de la oración y de sus visitas, que por cierto nos han hecho mucho bien, nos han confortado bastante.
Igualmente agradecemos con un particular gesto de reconocimiento, al equipo médico al que estaba unida nuestra hermana Graciela por su profesión de enfermera, gracias por sus diligentes cuidados. Todas estas actitudes solidarias nos han hecho sentir más llevadero el proceso que vivimos hasta la partida de nuestro Nachito a la Vida Eterna. ¡Que así sea!
¡Dios los bendiga a todos!
Arrangements under the direction of Glen Abbey Mortuary, Bonita, CA.
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v.1.18.0