

Hoy estamos aquí para recordar a nuestra linda madre, esposa, y abuela, Inocencia Islas, que por la gracia de Dios tuvimos el orgullo de ser parte de su vida. Inocencia Islas, o Mamá Chencha como le decíamos, nació en Jalisco, México en un pequeño pueblo nombrado El Santuario, un 28 de Diciembre del año 1933. Fue hija única de José Cruz Sepulveda y Bonificia Lomeli Sepulveda y hermana menor de José Isabel Sepulveda.
Su niñez fue difícil ya que perdió a su madre al haber tenido solo 8 años de edad pero a pesar de esa tragedia, Mamá Chencha vivió su vida con un perspectivo muy positivo, siempre viendo lo bueno en otros, dando a otros incondicionalmente sin esperar algo en regreso, y agradecida a Dios Nuestro Señor por lo que le había brindado la vida.
A los 18 años se caso con nuestro padre y abuelo, Leonso Islas, con quien fue bendecida en tener a 3 hijos; Felipe, Heriberto y René y a tres hijas; Maria de Jesús, Edelmira, y Rosalva. A partir de los años, la familia creció hasta incluir 15 nietos y 21 bisnietos.
Mamá Chencha no dejo que su edad la previniera en gozar la vida que Dios le había brindado. Se inscribió en clases para aprender inglés y así poder comunicarse por sí misma. Estaba muy emocionada de al fin tener la oportunidad de estudiar y aprender como ella hubiera querido cuando estaba pequeña. Le encantaban los crucigramas y casi siempre cargaba un librito de crucigramas para poder practicar. Le gustaba hacer ejercicios para así poder mantenerse saludable, tanto que se compraba zapatos especiales para caminar rápidamente. Le gustaba mucho la ropa, zapatos, y aretes, y decía con una sonrisa que aun que vieja estaba…según ella se arreglaba. Entre otras cosas le gustaba mucho la música -su canción preferida La Ley del Monte cantada por Vicente Fernandez, las películas - especialmente su actor preferido Brendan Fraser de la película The Mummy, y aun que no siempre les entendía a las películas, ella se entretenía viendo los actores. Su lugar favorito era Disneylandia, en el cual se subía a todos los paseos y se divertía viendo a todos los personajes. Para ella, esta era la oportunidad de disfrutar la niñez que no tuvo. Pero al fin de cuenta, lo mas especial y importante para Mamá Chencha, era su familia -nuestro padre, sus hijos, y nietos. Ella adoraba a su esposo, tanto que hasta sus últimos días, continuaba dedicándose a cuidarlo, atenderlo, y a ver por el cómo entraba y salía del hospital. Para ella, sus hijos eran lo máximo y siempre hablaba orgullosamente de cada uno. Siempre expresaba su amor por ellos. Para ella cada uno tenía una cualidad única que los hacía especial. Siempre estaba lista para atenderlos a cualquier hora. En respeto a sus nietos, ella los crio desde chicos y les brindó el mismo amor que a sus propios hijos. Para Mamá Chencha el cuidar a sus nietos no era molestia, al contrario, al rodearse de ellos le traía placer y felicidad. Se sentaba en el piso a ver caricaturas con ellos o se la pasaba cantándoles canciones infantiles. Para muchos de ellos, Mamá Chencha fue la voz y el cariño de una madre ya que sus padres trabajaban largas horas para sostener la familia.
Mamacita linda, nunca olvidaremos todo lo bello que nos has brindado sobre los años. Somos quien somos hoy gracias al amor y la dedicación que siempre nos brindaste. Como tú, nunca habrá otra. En nuestros ojos continuaras siendo un ángel, una santa -al cual Dios ha llamado a estar a su lado. Desde arriba nosotros sabemos que tú nos seguirás queriendo, cuidándonos y brindándonos la fortaleza de seguir adelante. Tus huellas de amor nunca se borraran. Gracias por todo el amor y todo lo lindo que has hecho por cada uno de nosotros.
Ahora, te pedimos que descanses en paz -mamacita linda, que pronto nos veremos….
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