

Rosa María Guadalupe Enriquez Vega de Nebel. Una mujer que se distinguía por su buen gusto y cualidades que compartía con los demás: organización, disciplina, puntualidad, fe en Dios y enseñanzas que nos hizo respetarla y amarla más. Una madre extraordinaria, dedicó su vida a brindar amor, apoyo y oportunidades a sus hijos. Les explicaba las cosas con claridad para que pudieran entender esos valores y tener en claro los objetivos que tienen verdadero valor en la vida. Una madre llena de sabiduría y amor incondicional.
Rosa María nació el 26 de noviembre de 1943 en la Ciudad de México, hija de Concepción Vega y Jesús Enríquez. Creció en una familia unida junto a sus hermanos Fernando, Lena y Jesús, siendo la tercera de los cuatro. Su padre era dueño de una mueblería en la Ciudad de México hasta su inesperada muerte cuando Rosa Maria era solo una niña.
En su juventud asistió a una escuela bilingüe americana en la Ciudad de México, donde destacó académicamente y obtuvo una beca completa gracias a su esfuerzo. Después de graduarse, inició su carrera profesional en IBM como asistente ejecutiva bilingüe. Su capacidad para organizar múltiples responsabilidades, su profesionalismo y su habilidad para resolver problemas le permitió ganar varios reconocimientos. Durante esta etapa de su vida, en unas vacaciones en Acapulco, conoció a Dieter Nebel, un joven alemán que viajaba por México. Años más tarde se casaron y formaron una familia en la Ciudad de México, donde nacieron sus dos hijos, Ernesto y Alberto.
En 1979, Rosa María y su familia emprendieron una nueva aventura al mudarse a San Diego, California. Adaptarse a una nueva cultura y a un nuevo país no fue sencillo, pero ella enfrentó el desafío con valentía y optimismo. Se involucró activamente en las escuelas de sus hijos como voluntaria para ayudarlos en la transición.
Después de separarse de su esposo, Rosa María mostró una fortaleza extraordinaria al asumir sola la dirección del negocio familiar. Más adelante, fundó Nebsys Digital, empresa en la que se desempeñó como Directora General y que lideró exitosamente hasta su retiro parcial en el 2022. Su determinación y capacidad de liderazgo fueron fundamentales para el crecimiento de la compañía.
Sin embargo, quienes trabajaron con ella saben que su verdadero legado no fue únicamente el éxito empresarial, sino la forma en que trataba a las personas. Para Rosa María, sus empleados eran parte de una gran familia. Siempre estuvo dispuesta a escuchar, apoyar y tender una mano cuando alguien atravesaba dificultades, ya fuera otorgando tiempo libre, ofreciendo ayuda económica o simplemente brindando palabras de aliento. Lideraba con empatía y compasión. Por ello fue respetada y querida por quienes tuvieron el privilegio de trabajar a su lado.
Convencida de que nunca es tarde para aprender, continuó sus estudios mientras atendía sus responsabilidades familiares y profesionales. Con gran orgullo obtuvo dos Títulos en Administración de Negocios Internacionales, demostrando una vez más que la perseverancia y la dedicación pueden abrir cualquier puerta.
Fuera de su vida profesional, Rosa María disfrutó plenamente cada etapa de su vida. Encontraba una inmensa felicidad compartiendo momentos con sus hijos y, especialmente, con sus tres adorados nietos: Alexander, Christopher y David. Ser su abuela fue una de las mayores alegrías de su vida. Le encantaba jugar juegos de mesa con ellos, compartir conversaciones llenas de consejos y sabiduría, y disfrutar juntos de una buena comida, especialmente sushi. Cada momento con sus nietos era un tesoro que guardaba en su corazón.
Rosa María también cultivó amistades profundas y duraderas. Era una persona cálida, noble y siempre dispuesta a compartir su tiempo con los demás. Disfrutaba mucho reunirse con sus grupos de amigas para jugar cartas, rummikub y participar en diversas actividades, comidas y paseos. Rosa María quería y apreciaba muchísimo a sus amigas, que le brindaron una gran amistad y compañía durante muchos años.
Amante de la cultura y las experiencias enriquecedoras, disfrutaba enormemente del cine, la música clásica, la ópera y los viajes. Tuvo la fortuna de recorrer gran parte del mundo. Algunos de sus viajes favoritos fueron: Portugal, Gran Bretaña, Japón, China, y Grecia. También visitó muchos otros destinos en Europa y América. Cada viaje era una oportunidad para descubrir nuevas culturas, disfrutar de la cocina regional y apreciar la belleza del mundo que tanto disfrutaba explorar.
No podemos olvidar a sus perritos, primero Tyson y después Ruby, a quienes quería mucho. Ellos también le brindaron mucha compañía y le dieron mucho amor.
La verdadera medida de una vida no se encuentra únicamente en los logros alcanzados, sino en el amor compartido y en las vidas que se transforman a través de nuestra presencia. Rosa María deja un legado de amor, fortaleza, generosidad y elegancia humana. Fue una madre ejemplar, una abuela amorosa, una empresaria exitosa, una amiga leal y una mujer extraordinaria. Su recuerdo vivirá para siempre en el corazón de su familia, sus amigas, sus colaboradores y todas las personas que tuvieron la fortuna de conocerla. Aunque su ausencia deja un profundo vacío, su amor, sus enseñanzas y su espíritu seguirán acompañándonos todos los días de nuestras vidas. La extrañaremos profundamente y la recordaremos siempre con inmenso amor y gratitud.
SHARE OBITUARYSHARE
v.1.18.0