

Lesbia Peralta nació en Gualán Zacapa, Guatemala el 2 de Mayo de 1948. Hija de Gregorio Morales y Cristina Sosa y hermana de Orlando y Arnoldo Duque y Miriam Morales. Tuvo dos hijas, Sandra y Susy, pero clamaba ser madre de cinco, contando como suyos a sus sobrinos Enzo, Brenda y Maynor porque los cuido y amo como hijos propios.
Lesbia creció en un hogar muy humilde y desde muy joven le ayudo a trabajar a su madre planchando y lavando. Desde muy pequeña fue amigable, vivaracha, amorosa, noble, aventurera, y valiente. Una historia popular en la familia es la que de niña se lanzó al rio a salvar a sus primas Normita y Clarita (en ese tiempo también sus enemigas) quien se estaban ahogando. Al crecer cerca del río Motagua, se hizo una hábil nadadora desde muy pequeña y creció amando los ríos. Jugar naipe, lo que aprendió con su papá, se hizo su entretenimiento favorito y disfrutaba ensenándole a otros como jugar. Su repertorio de chistes era amplio. No perdía oportunidad para hacer reír a sus amigos.
La situación económica en Guatemala la obligó a tomar la difícil decisión de separarse de sus hijas y en 1984, con el corazón partido, emigró a los Estados Unidos a la edad de 36 años para poder darle un mejor futuro a su familia. En Estados Unidos se casó con Chepito Peralta, formó un circulo grande de amigos, y trabajó arduamente para que sus hijas pudieran reunirse con ella después de poco tiempo. Adoptó a Chicago como su segundo hogar, pero visitaba su querido Gualán tan seguido como le fue posible y añoraba regresar permanentemente algún día.
En el año 2000 se inició su carrera como abuela. Sus últimos años los dedicó a ser la abuela más maravillosa que pudieron haber tenido sus tres nietos: Julian, Erek, y Rony Alejandro. Sus otros nietos, Aylin, Alexis, Marito y Chalito completaron su vida. Disfrutó de la vida aún más al bromear con su yerno Rony, y con inglés limitado, pero con muchos abrazos y sonrisas, se comunicó lo más posible con su yerno José.
Hay muchas historias de sus hazañas y valentía como también de su bondad. Sin tener mucho lo dio todo. Fue una mujer arrecha y luchadora. Siempre se esforzó por darle una cara alegre a la vida. Hizo muchos amigos, tuvo muchos ahijados, conto muchos chistes, rio a plenitud, y también lloró profundamente en silencio. Al partir deja un legado de amor incondicional, de amistad fiel y duradera, y de llevar alegría a donde ella fuera. Tomó de la vida lo mejor que pudo y vivió con intensidad. La despiden con mucha tristeza sus hijas, yernos, nieto/as, hermana y hermanos, cuñadas, tía, primo/as, sobrino/as, nieto/a-sobrino/as, compadres, ahijado/as, hijo/as, nieto/as y sobrino/as postizos, y amigo/as, en cuyos corazones vivirá por siempre.
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v.1.18.0