

Hilda Álvarez de Cabrera, gozó de una vida llena de cambios y caminos que la llevaron de Piedecuesta, Santander, Colombia; a Bogotá y luego a Germantown, TN. Recorrió un sinnúmero de senderos, desde los más rudimentarios hasta los modernos de hoy en día. Siempre buscando la vida tranquila y apacible que, estando en Bogotá, construyó al lado de nuestro padre.
No dudó ni por un instante su destino de madre dedicada, misión que abrazó con el corazón y todas sus fuerzas. Estudió, aprendió y aplicó todo lo que consideró era lo indicado para construir un hogar adecuado y lograr el objetivo de formar una familia amorosa. Qué fue lo que no estudió y practicó nuestra madre: Costura, culinaria, pastelería, artesanías, pintura, tejido, bordado, jardinería entre otras. Confeccionó los vestidos de mis hermanas, su ropa y mis camisas; preparo los platos más variados y deliciosos; nuestros ponqués de cumpleaños siempre fueron los más espectaculares llenos de fantasía, color y sabor; sus incrustaciones, decoraciones y muebles llenaron los ambientes y sus cuadros al óleo decoraron nuestra casa; sus tejidos a dos agujas y crochet nos dieron abrigo con bufandas, sacos y guantes; las hermosas blusas con delicados e intrincados calados y brocados sentaron moda para ella y mis hermanas; su amor por las plantas se tradujo en el más bello jardín que he visto en casa alguna.
Ella y mi padre se concentraron en poder ofrecernos la mejor educación posible y es así como se hicieron el propósito de darnos la educación bilingüe y universitaria que nos ha abierto muchas puertas y el camino para estar hoy acá, cumpliendo ese sueño que tuvieron.
Mamá fallece el 23 de abril de 2025, siete años después de la muerte de papá. La sobrevivimos sus hijos orgullosos y muy agradecidos: Hilda, Patricia (yerno Max) y César, junto con sus nietos Melissa, Isaías y Josué.
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