Hoy nos reunimos con el corazón lleno de tristeza, pero también con mucho amor y gratitud, para recordar y honrar la vida de Paula Serrano Verduzco, una mujer que dejó una huella profunda en todos aquellos que tuvieron la dicha de conocerla y amarla.
Paula nació el 22 de junio de 1959, en Pinzán Colorado, Michoacán, México. Fue la mayor de siete hermanos, y desde muy joven aprendió el valor de la familia, del trabajo y de salir adelante.
En mayo de 1981, Paula llegó a los Estados Unidos de América con sueños, esperanza y el deseo de construir una vida mejor. Durante más de 40 años, Bradenton, Florida, fue su hogar. Allí construyó su vida, formó su familia y creó incontables recuerdos que permanecerán para siempre en el corazón de quienes la rodearon.
Paula era una mujer llena de vida. Tenía una personalidad especial que hacía que su presencia se sintiera. Era querida por su esposo, Gabriel Díaz; por sus hijos, María Luisa Díaz, Isidro Díaz y Verónica Serrano; y por sus nietos, Juaquín, Jesús, Jasmine, Ángel, Jessenia, Rey y Elías. También deja un profundo vacío en el corazón de sus padres, Isidoro Serrano y Lucina Verduzco, de sus hermanos, sobrinos, sobrinas y de los muchos amigos que tuvieron la fortuna de compartir parte de su camino con ella.
Paula disfrutaba de las cosas sencillas que hacían la vida especial. Le encantaba cocinar, y seguramente muchos de nosotros guardaremos para siempre el recuerdo de algún platillo preparado por ella. Le gustaba jugar a la lotería, pasar momentos jugando Mario 64, y también disfrutaba muchísimo de las máquinas tragamonedas.
Pero si había algo que Paula amaba más que nada, era la música y bailar. La música era parte de ella. Bailar, disfrutar y vivir el momento era una de las maneras en que Paula expresaba su alegría. Esos momentos de risas, música y baile son recuerdos que hoy debemos atesorar.
Paula vivió a su manera. Amó intensamente, disfrutó de la vida y, sobre todo, amó a su familia. Su ausencia deja un espacio que nadie podrá llenar, pero su amor permanecerá con nosotros en cada recuerdo, en cada canción, en cada reunión familiar, en cada comida preparada con cariño y en cada momento en que volvamos a reír pensando en ella.
Hoy no queremos decir adiós.
Porque las personas que amamos de verdad nunca se van completamente. Viven en nuestros corazones, en nuestras historias, en nuestras tradiciones y en todo aquello que nos enseñaron.
Y quizás, si Paula pudiera estar aquí con nosotros hoy, nos miraría con esa manera tan suya y nos diría:
“I love you, baby.”
Así que, Paula, nosotros también te decimos:
Te amamos, baby.
Te vamos a extrañar.
Y te llevaremos con nosotros para siempre.
Descansa en paz, Paula Serrano Verduzco.
Hasta que nos volvamos a encontrar.
Esto no es un adiós. Es un hasta luego. 🕊️💜