

Nacido en La Habana, Cuba, Mingo creció rodeado de valores y las tradiciones que siempre llevó consigo. En 1980 llegó a los Estados Unidos junto a su esposa, Maritza, y sus dos hijos pequeños, comenzando una nueva vida con esfuerzo, sacrificio y esperanza. Juntos construyeron un hermoso hogar y una vida marcada por el amor a la familia.
Mingo y Maritza compartieron 53 años de matrimonio, una unión que comenzó en Cuba y que fue el centro de la familia que formaron juntos.
A lo largo de su vida, Mingo trabajó como soldador y fue conocido por ser un hombre trabajador, generoso y profundamente entregado a los demás.
Amaba el béisbol, tanto jugarlo como verlo. Sobre todo, encontraba una alegría especial en jugar dominó, rodeado de amigos y familiares. Podía pasar horas y horas jugando entre conversaciones y buenos momentos, acompañado de la “muñeca”, como llamaba cariñosamente a su cerveza favorita, una St. Pauli Girl.
Mingo también tenía un cariño muy especial por los niños. Durante muchos años ayudó a Maritza a cuidar a los niños que ella cuidaba, compartiendo con ellos su manera sencilla de hacerlos sentir queridos. Siempre tenía a mano sus Tic Tacs favoritos o algun icee para regalarles. Ese amor por los niños también se reflejó en su apoyo a St. Jude Children’s Research Hospital, institución a la que contribuyó como donante durante cerca de 20 años.
Quienes lo conocieron recuerdan, sobre todo, su manera de darse a los demás. Fue un padre, esposo, amigo y ser humano que siempre buscó el bienestar de quienes lo rodeaban. Su cariño y su disposición para ayudar a cualquiera que lo necesitara dejaron una huella profunda en su familia y en todos los que tuvieron la dicha de conocerlo.
Mingo deja en vida a su esposa, Maritza Cárdenas; a su hijo Ariel Cárdenas; a sus nietas Skye Cárdenas, Emma Cárdenas y Ava Cárdenas; y a sus hermanos Evelio Cárdenas y Nestor Cárdenas.
Le precedieron en la muerte su hijo Adrian Cárdenas; sus padres, Gregorio Cárdenas y Lucia Peiro; y sus hermanos Teresa Cárdenas y Jose Sar Peiro.
Su familia lo recordará siempre por el amor con que vivió, por su generosidad, por las largas partidas de dominó compartidas con quienes quería, por su cariño hacia los niños y por la manera en que se entregó por el bien de los demás.
Que descanse en paz.
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