

Born on June 29, 1941, in Mexico City, Mexico, Pedro built a life filled with love, laughter, resilience, and an unwavering devotion to his family. In 1968, he immigrated to the United States with his wife, Maria, and together they built a life and raised their family in Anaheim, California.
Pedro dedicated many years of his career to the hospitality industry, serving as a Banquets Captain at the Surf and Sand Hotel and later at the Hilton and Marriott. He was known for his hard work, warm personality, and ability to connect with people from all walks of life.
Above all, Pedro was a devoted father. He is survived by his children, Patty, Hugo, Adriana, and Gabby; his former wife, Maria; his grandchildren, Enrique, Anthony, Alexis, and Pablo; ten great-grandchildren; Marcos, Aria, Emilia, Enrique, Azarian, Izaiah, Ryel, Bella, Talia, Penelope; and his brothers, Jesus and Jose De Leon.
To those who knew him, Pedro was truly the life of the party. He loved his friends, music, loved to dance, and never missed an opportunity to "cut a rug." He had a playful spirit and a unique sense of style. Family members fondly remember how he made his own sandals and wore "ripped jeans" long before they became fashionable. His humor, generosity, and accepting nature made everyone feel welcome and loved.
One of Pedro's greatest joys was spending time with his family, especially his grandchildren and great-grandchildren. Nothing made him smile more than watching them laugh, play, and run around. The love he had for his family was evident in everything he did.
Pedro's life was marked by extraordinary resilience. Throughout the years, he faced numerous medical challenges that would have defeated many people. Yet time and again, he met those obstacles with courage, determination, and remarkable inner strength. His perseverance became one of the defining qualities of his life and an inspiration to everyone who knew him.
A faithful Catholic, Pedro believed in living life fully, finding joy in each day, treating others with kindness, and cherishing the people he loved. These values remain part of the legacy he leaves behind.
Though our hearts are broken by his loss, we are grateful for the years, memories, laughter, and love we shared with him. We will remember his smile, his dancing, his strength, his stories, and the way he embraced life with enthusiasm and gratitude. Most of all, we will remember how deeply he loved his family.
Pedro's legacy lives on through his children, grandchildren, great-grandchildren, and all those fortunate enough to have known him. He will be deeply missed, forever loved, and never forgotten.
Spanish version:
Pedro L. De Leon, cariñosamente conocido a lo largo de su vida como Perico, Pete, Nonno y, “Buelito”, falleció el 16 de mayo de 2026 a la edad de 84 años.
Nació el 29 de junio de 1941 en la Ciudad de México. Pedro vivió una vida llena de amor, alegría, fortaleza y una profunda dedicación a su familia. En 1968, emigró a los Estados Unidos junto con María, madre de sus hijos, y juntos construyeron una vida y formaron su familia en Anaheim, California.
Pedro dedicó muchos años de su vida profesional a la industria hotelera, desempeñándose como Capitán de Banquetes en el Surf and Sand Hotel, el Hilton y posteriormente en el Marriott. Fue reconocido por su dedicación al trabajo, su calidez humana y su capacidad de relacionarse con personas de todos los ámbitos de la vida.
Por encima de todo, Pedro fue un padre amoroso y generoso. Le sobreviven sus hijos Patricia, Hugo, Adriana y Gabby; su exesposa María; sus nietos Enrique, Anthony, Alexis y Pablo; diez bisnietos, Marcos, Aria, Emilia, Enrique, Azarian, Izaiah, Ryel, Bella, Talia, Penelope; así como sus hermanos Jesús y José De Leon.
Para quienes tuvieron la dicha de conocerlo, Pedro era verdaderamente el alma de la fiesta. Le encantaba la música, disfrutaba bailar y nunca dejaba pasar la oportunidad de salir a la pista y “echarse un baile”. Tenía un espíritu alegre y una personalidad única. Su familia recuerda con cariño cómo fabricaba sus propias sandalias y usaba “pantalones rotos” mucho antes de que estuvieran de moda. Su sentido del humor, generosidad y capacidad de aceptar a todos sin juzgar hicieron que quienes lo rodeaban se sintieran queridos y bienvenidos.
Uno de los mayores orgullos y alegrías de Pedro era su familia. Nada le hacía más feliz que ver a sus nietos y bisnietos jugar, correr y llenar de risas cada reunión familiar. El amor que sentía por ellos era evidente en cada etapa de su vida.
La vida de Pedro estuvo marcada por una extraordinaria fortaleza. A lo largo de los años enfrentó numerosos problemas de salud que habrían derrotado a muchas personas. Sin embargo, una y otra vez respondió con valentía, determinación y una fuerza interior admirable. Su perseverancia y resiliencia se convirtieron en una inspiración para todos los que lo conocieron.
Como católico, Pedro creía en disfrutar la vida, encontrar alegría en cada día, tratar a los demás con bondad y valorar profundamente a la familia. Estos valores forman parte del legado que deja a quienes lo amaron.
Aunque nuestros corazones están llenos de tristeza por su partida, también están llenos de gratitud por los años, las memorias, las risas y el amor que compartimos con él. Recordaremos siempre su sonrisa, su pasión por el baile, su fortaleza, sus historias y la manera en que vivió cada día con entusiasmo y agradecimiento. Pero, sobre todo, recordaremos el inmenso amor que tenía por su familia.
El legado de Pedro vive en sus hijos, nietos, bisnietos y en todos aquellos que tuvieron el privilegio de conocerlo. Será profundamente extrañado, eternamente amado y jamás olvidado.
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