

Enfrentó múltiples desafíos de salud durante su vida, que enfrentó con gracia y determinación. Enfrentó tuberculosis, cáncer del ceno, un aneurisma que la dejó paralizada durante un año durante su juventud y la reciente muerte de su hija menor, Rosalyn.
Le diagnosticaron Esclerois Lateral Amiotrofica (conocido como ALS o ELA) en Junio del 2023, lo que provocó su muerte nueve meses después.
Nació en Atotonilco, Jalisco, el 1ro de Mayo de 1947, hija de Victoria País de Valencia y José Leonardo Valencia. Era la cuarta de siete hermanos y hablaba con cariño sobre cada momento de su infancia. Contó historias de cómo caminaba a la escuela con sus hermanos y hermanas, jugaba a brincar riata y pasaba los días trepando árboles en el huerto de su padre. Cuando creció, su madre le decía que parara de subirse a los árboles porque sus días de niña estaban llegando a su fin. Ya era hora de que ella se ocupará de cosas más serias.
Carmen en vez aprendió a subirse más alto en los árboles, donde su madre no la encontrará.
De niña, le encantaba la escuela y aprender, pero solo recibió una educación de sexto grado. Cuando era niña, como era común en ese tiempo, le pidieron que se quedara en casa y ayudará a su madre en el hogar. La familia era lo primero, así que ella estuvo de acuerdo. Sin embargo, nunca dejó de anhelar aprender y leía todo lo que encontraba. Un libro de anatomía durante su infancia le hizo soñar con convertirse en neurocirujana. En lugar de eso, optó por una carrera más exigente: ser madre a tiempo completo.
Carmen se casó en 1970. Tuvo cuatro hijos, Viky, Rosalyn, Salvador y José. Era una madre devota y comprometida con todos. Pasó innumerables noches sin dormir junto a ellos cuando estaban enfermos, siempre estaba lista para escuchar sus problemas y dispuesta a jalarles la oreja cuando necesitaban un empujón.
Fue una cocinera talentosa, y disfrutaba costurar también.
Incluso como inmigrante y con un inglés limitado, abogó por sus hijos y les destacó la importancia de la educación. Comenzó a enseñarles a leer antes de que fueran a la escuela y enfatizó la importancia del trabajo duro y la dedicación.
Sus cuatro hijos obtendrían títulos universitarios gracias a su estímulo y dedicación para garantizar que tuvieran un futuro exitoso.
Ella comentó al menos una vez que sus días más felices fueron el dia que nacieron sus hijos, y cuando se graduaron de la universidad.
Tenia talento para atender las plantas, heredado de su padre. Le encantaba pasar su tiempo cuidando el jardín de su casa donde plantó flores, rosales, y árboles de limones, aguacates y guayabas. Mientras su cuerpo se lo permitía, trabajaba la tierra y cuidaba su jardín.
Se podría decir que cuidaba niños para ganar dinero adicional, pero en realidad ayudó a criar a varios de los niños que cuido. Fue figura materna para la mayoría de ellos. Atesoraba los momentos en que regresaban como adultos para visitarla.
Ella siempre se mantuvo activa. Le encantaba visitar bosques y reservas naturales. Se sentía como en casa en lugares llenos de verdor y naturaleza. Esperaba con ansias sus paseos en las tardes con sus amigas y su hijo menor. Incluso cuando tenía sesenta y tantos años, mantuvo un alma joven y juguetona. Estaba dispuesta a desafiar a cualquiera, especialmente a los que eran décadas más joven que ella, a un “Chile mole pozole”, un juego para ver quién podía saltar la cuerda, a toda velocidad, por mas tiempo.
Jamas fue vencida.
Le sobreviven tres de sus cuatro hijos, Viky, Salvador, José; su esposo, Salvador; cuatro hermanos, Guadalupe, Javier, Mari y José; y cinco nietos, Victoria, Jeshua, Mateo, Diego y Luca.
En lugar de flores, su familia pide que se hagan donaciones a la Asociación ALS. (https://www.als.org/donate)
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Maria del Carmen Valencia Hernandez, a doting mother, caring sister and a loving daughter, died March 25, 2024. She was 76 years old.
She faced multiple health challenges during her life, which she met with grace and determination. She faced tuberculosis, breast cancer, an aneurism that left her paralyzed for a year during her youth, and the recent death of her youngest daughter, Rosalyn.
She was diagnosed with ALS in June 2023, which lead to her death nine months later.
She was born in Atotonilco, Jalisco, on May 1, 1947, to Victoria Pais de Valencia and Jose Leonardo Valencia. She was the fourth of seven children, and spoke fondly about every moment of her childhood. She retold stories of walking to school with her brothers and sisters, playing jump rope, and days spent climbing trees in her father’s orchard. When she grew older, her mother would tell her to stop climbing trees because her days as a child were coming to an end. It was time for her to tend to more serious things.
Carmen just learned to climb higher and higher into the trees, where her mother could not easily spot her.
She loved school and learning as a child, but received only a sixth grade education when — as was common at the time — she was asked to stay home from school and instead help her mother. Family was first, so she agreed. Yet she never stopped yearning to learn and she read anything she could get her hands on. An anatomy book during her childhood sparked dreams of becoming a neurosurgeon. She’d instead took up a more demanding career - a full-time mother.
Carmen married in 1970. She had four children, Viky, Rosalyn, Salvador and Jose. She was a devoted, committed mother to all. She spent countless sleepless nights next to them when they were sick, was always ready to hear their troubles, and willing to pull their ear when they needed an encouraging push.
She was a gifted cook, and a talented seamstress.
Even as an immigrant with limited English, she advocated for her children, and stressed to them the importance of education. She began teaching them to read before they attended school and emphasized the importance of hard work and dedication.
All four of her children would earn college degrees thanks to her encouragement and dedication to ensure they had successful futures.
She’d remark at least once that some of her happiest days were when her children were born, and when they graduated college.
She inherited her father’s green thumb, and loved to spend her time tending to her home garden with flower beds, rose bushes, and lemon, avocado and guava trees. As long as her body allowed, she toiled the soil and cared for her garden.
You could say she babysat children to make money on the side, but in fact she helped raise several of the children she cared for. She was a mother figure to most of them. She treasured the moments they returned as adults to visit her.
She was always active, even as she grew older. She loved to visit forests and natural settings. She was at home in places filled with greenery and nature. She looked forward to her evening walks with friends and her youngest son. Even in her late 60s she kept a young, playful soul. She was willing to challenge anyone, especially anyone decades younger to her, to a “Chile mole pozole” — a game to see who could jump rope, at full speed, for as long as possible.
She remained undefeated.
She is survived by three of her four children, Viky, Salvador, Jose; her husband, Salvador; four siblings, Guadalupe, Javier, Mari, and Jose; and five grandkids, Victoria, Jeshua, Mateo, Diego, and Luca.
In lieu of flowers, her family ask that donations be made to the ALS Association. ((https://www.als.org/donate)
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