Simon encontraba una gran alegría en trabajar para su familia, dedicado a ayudarles a alcanzar sus sueños, al tiempo que tendía una mano a otros necesitados. Las vibrantes melodías de la música de Huapango Huasteco le brindaban felicidad, y sentía un afecto especial por el color amarillo. Por encima de todo, su mayor amor era su familia, la cual llenaba su vida de propósito y sentido.