

Uriel fue un joven de gran corazón, trabajador y amable, cuya calidez y generosidad dejaron una huella duradera en todos los que lo rodeaban. Tenía una sólida ética de trabajo y sentía un gran orgullo por su profesión como electricista, donde era conocido por su dedicación, habilidad y responsabilidad.
Tenía una gran pasión por los automóviles, especialmente por su querido Corvette blanco, el cual le brindaba mucha alegría. A Uriel también le gustaba la mecánica y disfrutaba trabajar con sus manos o conversar sobre motores. Sobre todo, valoraba pasar tiempo con sus amigos, creando recuerdos llenos de risas y compañerismo.
Uriel asistió a la escuela en Hughson, California, desde la primaria hasta la preparatoria. Durante sus años en la preparatoria, jugó con orgullo fútbol americano, experiencia que reflejó su determinación, espíritu de equipo y fortaleza.
La familia lo era todo para Uriel. Fue un hermano dedicado a sus cinco hermanas pequeñas, quienes eran el centro de su vida y su mayor alegría. Su amor por ellas fue incondicional, y su legado vive a través de ellas.
A Uriel le sobreviven su querida madre, Laura Ramirez; su padre, Lenin Ramirez; y sus hermanas, Celeste, Nadia, Kenya, Kayla y Kamilla. Le precedió en el fallecimiento su abuela, Antonia “Toni” Ruiz, a quien amó profundamente.
La bondad, fortaleza y naturaleza amorosa de Uriel tocaron muchas vidas. Aunque su tiempo fue demasiado corto, el impacto que dejó jamás será olvidado. Será recordado por su corazón generoso, su arduo trabajo, sus pasiones y el amor que siempre entregó.
"La vida es muy corta, ama, hay que disfrutarla.”
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