Le sobreviven su amada esposa Martha Vargas Hernández, sus hijos Diego, Jesús, Gustavo, Marissa y Horacio, así como 13 nietos y 4 bisnietos, quienes fueron el motor de su vida.
José fue estilista por más de 30 años, profesión que no solo ejerció con talento y pasión, sino que también le permitió formar lazos de amistad tan fuertes que muchos lo consideraban parte de su familia. Era un verdadero amigo para muchísimas personas, alguien que siempre tenía una palabra amable, un consejo sincero y una sonrisa lista.
Amaba viajar a su ciudad natal, Ciudad de México, y era un ferviente seguidor de sus equipos de fútbol favoritos: Club América y Real Madrid. Amante de la música, encontraba en ella alegría y conexión.
José era un hombre sumamente inteligente, trabajador incansable y, sobre todo, una gran persona. Su dedicación a su familia, en especial a sus nietos, era evidente para todos los que lo conocían. Disfrutaba inmensamente de llevarlos y recogerlos de la escuela cada día, siendo una parte esencial de sus vidas.
Su legado de amor, esfuerzo y amistad vivirá eternamente en los corazones de quienes tuvieron el privilegio de conocerlo.