Con el corazón colmado de gratitud, despedimos a Rafael Covarrubias, nuestro querido “Joel”, cuya presencia fue un faro sereno en la vida de todos quienes lo amaron. Más que un hijo, hermano, esposo, padre, abuelo, y tío, fue el pilar de una familia que edificó con amor y dedicación junto a su amada esposa, María Elena, con quien compartió 44 años de un amor que nunca dejó de crecer.
Joel encontraba la dicha en los pequeños rituales que dan sentido a la vida. Sus mañanas de fin de semana comenzaban con un viaje a la panadería por el pan recién hecho, y su espíritu se alegraba al perderse entre los pasillos de los swap meets. Saboreaba la birria como quien honra un recuerdo, y en las gorditas de horno encontraba el sabor de su infancia. Su corazón, siempre fiel, mantenía un lazo eterno con Buenavista de Cañedo, Jalisco, la tierra que lo vio nacer y a la que volvía como quien regresa a un abrazo antiguo.
Su legado vive en sus hijos —Aldo, Diana, Perla e Iván Jesús— y brilla con especial dulzura en sus nietas, Olivia y Zoé Maria, las pequeñas luces que iluminaban sus días. Para sus sobrinos, el “Tío Joel” será siempre un refugio de calidez, un recuerdo que sonríe.
Hoy se marcha un hombre devoto, un esposo de alma noble y un abuelo orgulloso y un buen hermano. Pero permanece la música que amó, la sencillez con la que caminó por el mundo y la rectitud que marcó cada uno de sus pasos.
Descansa en paz, Joel. Tu memoria seguirá siendo una bendición que nos acompaña, suave como una melodía que nunca se apaga.