Con profundo respeto, recordamos la vida de Rebeca Maldonado Nava, nacida el 1 de enero de 1934, quien falleció el 24 de septiembre de 2026 a los 92 años. Residente de Planada, California, Rebeca deja una huella serena y perdurable en todos quienes tuvieron el privilegio de conocerla.
A lo largo de su vida, Rebeca trabajó con gran empeño en la agricultura, reflejando una constancia firme y una ética de trabajo que habló por sí sola. Su dedicación diaria fue parte esencial de la historia de su familia y de la vida que construyó con esfuerzo, paciencia y dignidad.
Rebeca fue miembro de Sacred Heart Church, Planada desde 1975, comunidad en la que encontró un espacio de fe y pertenencia a lo largo de los años. En esa continuidad se percibe la solidez con la que sostuvo sus valores y la manera discreta, pero significativa, en que acompañó a los suyos.
En lo cotidiano, Rebeca disfrutaba de las cosas sencillas y verdaderas: salir a caminar —tres millas al día, cuidar su jardín con flores, frutas, verduras y nopales, y pasar tiempo en el lago, lugar que amaba y donde le habría gustado quedarse todo el día. Esos gustos hablan de una vida en contacto con la naturaleza, marcada por el ritmo constante de los días y el aprecio por lo que nutre y da calma.
También fue muy querida por su cocina: Rebeca era famosa por sus tortillas, y cada domingo recibía a sus hijos para compartir menudo y tortillas. En esas reuniones se reunían no solo alrededor de la mesa, sino alrededor de su presencia: una forma de amor expresada con generosidad, constancia y cuidado.
Rebeca compartió 50 años de matrimonio con su esposo, Miguel Nava, quien falleció en el año 2000. Le sobreviven sus hijos Maria Licea, Maria E. Nava, Miguel Nava Jr., Rafael Nava y Sergio Nava; 23 nietos, además de muchos bisnietos y tataranietos. Rebeca fue precedida en la muerte por sus padres, Rafael y Maria Nava de Mexico, y por sus hijos Efrain Nava, Samuel Nava y Ana Zaragoza.
En sus últimos momentos, Alexa se convirtió en su mejor amiga, una compañía especial que trajo cercanía y consuelo al final de su camino.
La vida de Rebeca Maldonado Nava se recuerda con gratitud y respeto: por su trabajo incansable, su fe constante, sus hábitos sencillos y su manera de reunir a la familia con calidez. Su memoria permanecerá en quienes la amaron, en las tradiciones que sostuvo y en el cariño que supo dar día tras día.