

Concepción fue el regalo más grande que Dios pudo habernos dado. Su amor por la familia era tan profundo, tan incondicional, que a veces parecía irreal. Era fuerte, generosa y llena de gracia — cualidades que definieron cada uno de sus días.
Nacida en Cuba, Concepción mostró un valor inmenso en sus treintas cuando, junto a su esposo Misael A. Sabugo, tomó la difícil decisión de dejar su tierra natal y escapar del régimen comunista. Con pocos recursos, sin conocer el idioma y con el dolor de dejar a sus seres queridos atrás, ella y su esposo llegaron a los Estados Unidos para construir un futuro mejor para su hijo, Misael F. Sabugo. Ese sacrificio, hecho con miedo pero con esperanza, es algo por lo que siempre estaremos agradecidos. Su valentía no solo le dio a su hijo la oportunidad de una vida mejor, sino que también sentó las bases para las generaciones que siguieron.
Quien conoció a Concepción conoció el verdadero amor. Fue una esposa, madre, hermana, abuela, bisabuela y amiga dedicada. Su fortaleza nos sostuvo, su generosidad tocó a todos a su alrededor, y su amor sigue viviendo en nuestros corazones.
Abuela, Siempre te extrañaremos y nunca te olvidaremos.
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v.1.18.0