Domingo nació en Pinar del Río, Cuba, tierra que siempre llevó en el corazón. Fue un hombre de principios, trabajador incansable y apasionado por los autos, profesión que convirtió en vocación como mecánico durante toda su vida. Su amor por los motores solo fue superado por el amor que sentía por su familia.
Viudo desde hace varios años, Domingo fue un padre amoroso, abuelo dedicado, bisabuelo orgulloso y recientemente tatarabuelo, dejando tras de sí un legado de cariño, fortaleza y sabiduría que marcó profundamente a cada generación de su familia.
Aquellos que tuvieron el privilegio de conocer a Domingo lo recordarán por su carácter afable, su inquebrantable ética de trabajo y su habilidad única para arreglar no solo motores, sino también corazones con una simple conversación.
Su memoria vivirá eternamente en los corazones de sus seres queridos.
Descanse en paz, Domingo.