Esther fue una esposa, madre y abuela profundamente amorosa. Su mayor felicidad siempre fue compartir tiempo con su familia, a quienes dedicó su vida con entrega, paciencia y un amor incondicional. Fue una mujer de grandes sacrificios, de corazón generoso y fortaleza silenciosa, cuya presencia dejó una huella imborrable en todos los que la conocieron.
Le precedieron en la muerte su hijo primogénito, Melvin, y sus padres, Ramón y Clara.
Le sobreviven su esposo, Juan; sus hijos, Evelyn, Josue, Ernesto, Meilyn, Yoandy y Yuniesky; sus hermanos, Ramón y Pedro; y sus amados nietos, Julian y Nathaniel, quienes fueron una fuente inmensa de alegría para ella.
El amor, los cuidados y las enseñanzas de Esther vivirán por siempre en el corazón de su familia, que la recordará con profundo cariño y gratitud.