

Hay personas que, aunque permanecen poco tiempo entre nosotros, dejan una huella eterna. Así fue nuestra amada Vero.
Fuiste una niña llena de luz, de ternura y de un corazón inmenso. Tu sonrisa iluminaba cada lugar al que llegabas y tu dulzura conquistaba a todos los que tuvieron el privilegio de conocerte. Fuiste una hija maravillosa, una nieta amorosa, una prima y sobrina excepcional, siempre cariñosa, respetuosa y llena de bondad.
En la escuela te destacabas no solo por ser una excelente estudiante, sino también por ser una amiga leal, generosa y noble. Con tu alegría, tu inocencia y tu forma tan especial de amar, hiciste del mundo un lugar mejor.
Hoy el dolor de tu partida es inmenso y las palabras no alcanzan para expresar cuánto te extrañamos. Sin embargo, damos gracias a Dios por el hermoso regalo de haberte tenido en nuestras vidas. Tu amor, tus abrazos, tus risas y cada uno de los recuerdos que nos regalaste vivirán para siempre en nuestros corazones.
Aunque nuestros ojos ya no puedan verte, sabemos que ahora eres un hermoso ángel que nos acompaña desde el cielo, cuidándonos con el mismo amor con el que viviste cada día.
Siempre serás nuestra princesa, nuestro orgullo y nuestro más hermoso recuerdo.
Te amaremos y te extrañaremos por toda la eternidad. Hasta que Dios nos permita volver a abrazarte.
Con todo nuestro amor,
Tu familia
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