

Beloved husband, father, and grandfather who championed freedom, education, and resilience passes peacefully at 81.
Telesforo Velázquez, 81, of Miami, Florida, passed away peacefully in his sleep on October 5, 2025, at home surrounded by his loving family and friends. He had been under home hospice care after a courageous 30-year battle with Parkinson’s disease.
Born on January 5, 1944, in Pinar del Río, Cuba, Telesforo was one of twelve children of Julia Prieto and Juan de Dios Velázquez. From an early age, he worked alongside his family in the Cuban tobacco fields. In his youth, he also served as an ambulance driver for the Cuban National Red Cross, demonstrating the industriousness, resilience, and devotion that would define his life.
In 1966, as he was becoming a new father, Telesforo was forced to leave his young wife to serve in the Cuban military under a compulsory draft imposed by the Communist government. During this time, he bore witness to injustices he could not morally condone. One of the most searing was the execution of a close childhood friend, punished by the regime for failing to surrender his privately owned firearm after the state’s mandated confiscation of all citizen weapons.
Experiences such as these deepened Telesforo’s resolve never to compromise his values. With transparent defiance, he refused to endorse the regime and never joined the communist party, repeatedly applying for legal immigration out of the island and enduring significant repression and retaliation in his personal life for many years. During his forced military tenure, he often spoke his mind and was punished for it. Since he did not bear arms for the regime, but had a recognizable bright mind, he was trained and served as a communications technician, mastering encrypted communication methods while closely surveilled. These years strengthened the resourcefulness that marked his later endeavors and became a turning point in his life, reinforcing his fierce independence, his conviction in social justice, and his lifelong advocacy for freedom of speech.
In 1980, amid the turmoil of the Mariel boatlift, Telesforo made the most difficult decision of his life: to risk everything in a treacherous nighttime sea voyage from Mariel Harbor to Key West, Florida, arriving with his wife and two daughters (13 and 4 years old) as a political refugee. This miraculous chance at freedom was facilitated by loving family members that had managed to flee the Cuban regime in the early 1960s and had settled in Union City, New Jersey. He began a new life in the United States and promptly became a proud U.S. citizen, deeply grateful for the freedoms and opportunities afforded him.
Although as a child in rural Cuba he had only completed a third-grade education, Telesforo possessed a brilliant natural mathematical mind and an extraordinary capacity for learning. In New York City, he taught himself the skills of operating, managing, and eventually owning multiple dry-cleaning businesses across Manhattan from the 1980s through the early 2000s. In these endeavors and as a child working in the tobacco farms, he was exposed to solvents and pesticides, later recognized as environmental risk factors for Parkinson’s disease.
A devoted husband, father, grandfather, son, and brother throughout his life, Telesforo prioritized family and education. He strongly believed in the power of learning, proudly supporting his daughters, Omaida Caridad Velázquez, M.D., FACS and Adorys Velázquez, J.D., M.B.A., as they pursued higher education and earned doctoral degrees. He also traveled many times back to Cuba, personally assisting his parents and siblings with housing, medical needs, and infrastructure support.
Telesforo was a man of kindness, humor, generosity, and conviction. He was a devoted protector of his family. Telesforo was a pioneer thinker and fiercely independent mind who believed deeply in social justice, freedom of speech, and women’s rights. He had a great love for music, for the Cuban patron saint La Virgen de la Caridad del Cobre, and for his private practice of the Catholic faith.
He is survived by his devoted wife of nearly 60 years, Andrea Velázquez; his daughters, Omaida and Adorys; and his cherished grandchildren, Peter James and Julia Caridad Cuy and Evan and Jason Velázquez Rosenwasser. He is also survived by his beloved sons-in-law, Romulo M. Cuy, M.D. and Mark J. Rosenwasser, J.D. Among his extended family, he leaves behind his brother Eusebio Velázquez (affectionally known as Cascabel) in Cuba, and sisters Ofelia Velázquez and Francisca Velázquez (affectionately known as Panchita), residing in South Carolina and New Jersey.
Telesforo’s life story is one of courage, perseverance, sacrifice, and unwavering faith. He will be remembered for his industrious spirit, his pioneering vision, his generosity toward others, and his enduring love for his family.
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Telesforo Velázquez (1944–2025)
Amado esposo, padre y abuelo que defendió la libertad y promovió la educación y la resiliencia, falleció en paz a los 81 años.
Telesforo Velázquez, de 81 años, residente en Miami, Florida, falleció tranquilamente mientras dormía el 5 de octubre de 2025, en su hogar, rodeado del cariño de su familia y amistades. Estuvo bajo cuidados de hospicio en casa tras luchar con valentía una batalla de 30 años contra la enfermedad de Parkinson.
Nació el 5 de enero de 1944 en Pinar del Río, Cuba, siendo uno de los doce hijos de Julia Prieto y Juan de Dios Velázquez. Desde niño trabajó junto a su familia en los campos de tabaco. En su juventud también fue chofer de ambulancia de la Cruz Roja Nacional de Cuba, rescatando vidas y demostrando la ecuanimidad, dedicación, perseverancia y gran empeño que marcaron toda su existencia.
En 1966, cuando estaba por ser padre, Telesforo fue obligado a dejar a su joven esposa para servir en el ejército cubano bajo un servicio militar obligatorio impuesto por el gobierno comunista. En ese tiempo fue testigo de injusticias que no pudo aceptar. Una de las más dolorosas fue la ejecución de un amigo de la infancia, castigado por el régimen por no entregar su arma de fuego tras la confiscación obligatoria de todas las armas de los ciudadanos.
Experiencias como esta reforzaron su decisión de no traicionar jamás sus principios. Con firmeza y rebeldía, se negó a respaldar al régimen y nunca se afilió al partido comunista. Solicitó en repetidas ocasiones la salida legal de la isla, sufriendo durante muchos años represión y represalias en su vida personal. Durante su servicio militar habló sin miedo y pagó consecuencias por ello. Como no cargó armas para el régimen, pero poseía una mente clara y brillante, fue entrenado y sirvió como técnico de comunicaciones, dominando métodos de comunicación encriptada bajo estricta vigilancia. Esos años forjaron la inventiva que lo acompañaría siempre, convirtiéndose en un punto de quiebre que reafirmó su independencia, su sentido de justicia social y su defensa de la libertad de expresión.
En 1980, en pleno éxodo del Mariel, Telesforo tomó la decisión más dura de su vida: arriesgarlo todo en una travesía nocturna por mar desde el puerto de Mariel hasta Cayo Hueso, Florida, llegando con su esposa y sus dos hijas (de 13 y 4 años) como refugiado político. Ese milagro de libertad fue posible gracias al apoyo de familiares que habían logrado escapar del régimen en los años 60 y se habían establecido en Union City, Nueva Jersey. Allí comenzó una nueva vida en Estados Unidos y, con gran orgullo, se convirtió pronto en ciudadano americano, siempre agradecido por las libertades y oportunidades que le ofrecieron.
Aunque de niño en el campo cubano solo llegó hasta tercer grado de escuela, Telesforo tenía un talento natural para las matemáticas y una extraordinaria capacidad para aprender. En Nueva York se formó por sí mismo en el oficio de las tintorerías, llegando a operar, administrar y finalmente ser dueño de varios negocios en Manhattan desde los años 80 hasta inicios de los 2000. En ese trabajo, como también en su niñez en los campos de tabaco, estuvo expuesto a solventes y pesticidas, reconocidos después como factores de riesgo para el Parkinson.
A lo largo de su vida fue esposo, padre, abuelo, hijo y hermano entregado. Siempre puso en primer lugar a la familia y la educación. Creyó firmemente en el poder del estudio, apoyando con orgullo a sus hijas, Omaida Caridad Velázquez, M.D., FACS y Adorys Velázquez, J.D., M.B.A., hasta alcanzar títulos doctorales. Viajó en varias ocasiones a Cuba para ayudar personalmente a sus padres y hermanos con vivienda, salud e infraestructura.
Telesforo fue un hombre de bondad, de buen humor, generoso y con convicciones firmes. Protector incansable de su familia, fue un pensador adelantado y una mente independiente, que creyó profundamente en la justicia social, la libertad de expresión y los derechos de la mujer. Tuvo un amor especial por la música, por la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, y por la práctica íntima de su fe católica.
Le sobreviven su querida esposa Andrea Velázquez, con quien compartió casi 60 años de matrimonio; sus hijas, Omaida y Adorys; y sus adorados nietos, Peter James y Julia Caridad Cuy, y Evan y Jason Velázquez Rosenwasser. También le sobreviven sus yernos, Rómulo M. Cuy, M.D., y Mark J. Rosenwasser, J.D. En su familia extendida deja a su hermano Eusebio Velázquez (conocido cariñosamente como Cascabel) en Cuba, y a sus hermanas Ofelia Velázquez y Francisca Velázquez (conocida cariñosamente como Panchita), residentes en Carolina del Sur y Nueva Jersey.
La vida de Telesforo es una historia de valentía, sacrificio, perseverancia y fe inquebrantable. Será recordado por su espíritu trabajador, su visión adelantada, su generosidad con los demás y su amor eterno por su familia.
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v.1.18.0