Dios vió que te estabas cansando y no había posibilidad de curación. Entonces Él te abrazó y murmuró: “Ven Conmigo” Con lágrimas en los ojos te vimos sufrir. Aunque te amábamos mucho, sabíamos que te tenias que ir. Un corazón de oro dejó de latir. En manos de el Padre ahora descansas. Dios rompió nuestros corazones para decirnos que “El sólo se lleva lo mejor”