

Lorenzo Cortés Serrano El día 10 de febrero de 1918 nace en la Cd. De Villa Victoria, Michoacán, nuestro papá Lorenzo Cortés Serrano, o mejor dicho como solíamos llamarlo “Papá Lencho,” hijo de María de Jesús Serrano Salas y Guillermo Cortés. Tuvo dos hermanos: Julia, la mayor y Juan el menor; los cuales fallecieron hace muchos años. Nuestro papá Lorenzo tuvo una infancia bastante difícil, trabajando como un adulto de sol a sol, viviendo a la sombra de un tío y de su abuelita materna, ya que su mamá tenia que salir a trabajar para llevar el sustento. Todas estas vivencias hacen de nuestro padre, un hombre muy fuerte, un ser independiente, luchón y trabajador, y muy apegado a Dios. A las edad de 21 años contrae matrimonio con una mujer maravillosa, un ser dotado de grandes virtudes, nuestra adorada e inolvidable Mamá Rosa, con quién procreó 13 hijos: Cande, Joel, Lolita (Finados), Javier, Rogelio, Oli, Lidia, Chafín, Ana, Caro, Lucy, Vero y Tony. En las diferentes facetas de su vida, trabajó como curtidor de cuero, hacía carbón, fue campesino jornalero, brasero en los años 1950-1960 temporalmente en Estados Unidos y finalmente fue agricultor, dedicándose a cultivar sus propias tierras. Nuestro padre formó parte del proletariado que ha hecho de México un país sobresaliente en el campo de la agricultura. Gracias a su arduo trabajo y amor a la tierra, Papá Lencho dedicó la mayor parte de su vida al cultivo de frijol, maíz, cacahuate, jitomate, chile, pepino, coco, mango y sobre todo limón en el hermoso Valle de Tecomán, conocido como la Ciudad del Oro Verde, así como en Periquillos. Papá realizaba su labor entrada la madrugada hasta ocultarse el sol. Pero a pesar de estar agotado por las exigencias físicas de su labor, de alguna manera u otra, encontró la manera de aprender a tocar la guitarra y la armónica, ambos instrumentos de manera autodidacta y sin instrucción. Papá Lencho fue un amante de la música vernácula mexicana y además un gran cantante. Parecía ser que la música la llevaba en la sangre y nunca dejó de tocar la armónica o cantar sus canciones rancheras a quien lo escuchara y le diera la oportunidad de presumir sus dotes musicales. Lo hizo hasta el final y también para su Rosita, cuando nuestra mamá partió. Ciertamente, inculcó a todos sus hijos el amor a la patria, pero sobre todo el respeto a la tierra que nos da de comer y al trabajo digno. Aprendimos de él el valor del trabajo y de echarle ganas a lo que uno hace, siempre con ética e integridad. Estos valores los llevamos muy apegados al corazón por el resto de nuestras vidas y esperamos inculcarnos a nuestros hijos de la misma manera que él lo hizo con nosotros. Nuestro papá fue una persona muy alegre y un hombre ejemplar. Le gustaba la bohemia, se caracterizaba por su gran sentido del humor, disfrutaba mucho de su familia y era sin duda alguna muy hogareño. Pero ante todo, Papá Lencho era muy patriota. Disfrutaba mucho todo lo que olía y sabia a su México! Su historia, sus grandes tradiciones, su comida, su tierra y su gente. Sin duda alguna, el sí que llevaba a su México en la piel. Fue un hombre ejemplar en toda la extensión de la palabra. Así es, Papá Lencho nos dejó un gran legado al igual que nuestra mamá Rosa. Fueron y serán un ejemplo a seguir. Ese legado lo vemos en la gran familia que procreó: 13 hijos, 39 nietos, 50 bisnietos y 8 tataranietos hasta la fecha de su partida. Se podría escribir una novela en 10 tomos sobre la excelente y maravillosa vida de nuestro padre. Este es sólo un breve homenaje y un extracto de los bendecidos 97 años de vida de nuestro adorado Papá Lencho, “El Jefe de Jefes” como bien solía llamarlo nuestro hermano Serafín, y el apodo que todos optamos por usar cuando nos referimos a este gran hombre… Un ser humano excepcional que dejó huella y un vacío en nuestros corazones.
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v.1.18.0