Natalia nació en el seno de una familia amorosa, hija de Margarito Dávila Vásquez y María del Socorro Serrato Salinas, quienes le inculcaron los valores de la fe, la compasión y la devoción a la familia. A lo largo de su vida, el amor de Natalia por Dios fue el fundamento de todo lo que hacía. Encontraba gran consuelo en la oración, en escuchar la palabra de Dios y en llenar su hogar con música góspel. Su fe se reflejaba en la forma en que cuidaba a los demás y en cómo vivía cada día con gracia y esperanza.
Por encima de todo, Natalia amaba profundamente a su familia. Deja a sus queridos hijos: Melissa Hernández, José Salvador Hernández, Mark Anthony Hernández y Valeria Hernández, quienes fueron las mayores bendiciones de su vida. También fue una abuela orgullosa y dedicada de su adorado nieto, Joaquín J. Villela, con quien disfrutaba pasar tiempo valioso creando recuerdos que se atesorarán para siempre.
Natalia encontraba alegría en los placeres sencillos de la vida. Le encantaba hornear pastelitos para compartir con sus seres queridos, pasar días tranquilos en la playa y disfrutar de las melodías reconfortantes de la música góspel. Su espíritu cálido y su corazón generoso hacían que todos se sintieran bienvenidos, y su presencia serena brindaba consuelo tanto a familiares como a amigos.
También guardaba un lugar especial en su corazón para sus amados gatos —Luna, Duki, Cora y Tostada—, quienes eran miembros queridos de su familia y le brindaban compañía y felicidad.
Natalia será recordada por su fe inquebrantable, su corazón amoroso, su entrega desinteresada a la familia y la alegría que transmitía a todos los que tuvieron la fortuna de conocerla. Aunque ya no esté físicamente con nosotros, su amor, sus oraciones y su hermoso espíritu perdurarán en los corazones de su familia y de todos aquellos cuyas vidas tocó.
La extrañaremos profundamente; será amada por siempre y jamás olvidada.