

Obituario: Yolanda Londoño (1934 – 2026) Artista, visionaria y exploradora incansable del alma Yolanda Londoño nació en 1934 en la pintoresca ciudad de Armenia (Quindío, Colombia), en el seno de una familia numerosa. Desde joven, estuvo convencida de que su destino era trazar un nuevo rol para la mujer en una sociedad tradicional. Fue una mujer tenaz, incansable y rebelde en el mejor de los sentidos: una pensadora libre que desafió moldes y persiguió sus sueños con inquebrantable determinación. De su primer matrimonio con el Médico Bernardo Molina nacieron sus seis hijos: Patricia del Pilar (†), Gloria Elizabeth, Carlos Alberto, María Victoria, Luis Fernando y Óscar Andrés. Sus 13 nietos y 12 bisnietos, quienes heredaron su fuerza y sensibilidad. La búsqueda incesante de la expresión La cotidianidad de Yolanda no conoció la monotonía. Inquieta, apasionada y con un deseo insaciable de conocimiento, encontró en la filosofía, la lectura, la poesía y la música la inspiración para plasmar lo que su alma no podía callar. Experimentó con: Lienzo, papel, la serigrafía, el grabado, la acuarela, el óleo, Arcilla, porcelana y las instalaciones artísticas Nunca se conformó con una sola técnica ni con un solo tema; para ella, la creación era un horizonte en constante movimiento. "En cada trazo y en cada matiz, Yolanda nos enseñó a mirar más allá de la superficie y a reconocer la humanidad compartida en cada rostro." Un viaje de arte, fe y compromiso social Con el coraje de una auténtica exploradora, Yolanda cruzó fronteras hacia los Estados Unidos. Se estableció definitivamente en Los Ángeles, California, para perfeccionar sus técnicas pictóricas y de modelado. Fue allí, durante la década de los 80, donde su carrera alcanzó un punto de inflexión y donde conoció a Krikor Dolian, quien se convertiría en su compañero inseparable por casi medio siglo y que la acompañó hasta su muerte y con quien compartió una profunda devoción por el respeto y amor hacia los animales. Inmersa en la comunidad latinoamericana de Los Ángeles, su trabajo capturó la dignidad, el sufrimiento y las historias silenciosas de los inmigrantes. Asimismo, su profunda fe en Dios la llevó a dedicar una parte fundamental de su producción al Arte Sacro, dejando piezas de valor inestimable que hoy continúan adornando iglesias y capillas. Su legado personal y artístico Yolanda Londoño no solo fue una artista visionaria; fue una testigo sensible de las verdades incómodas de su tiempo y una defensora de la justicia y la compasión. Su obra y su memoria perdurará como un faro de luz que nos invita a abrazar nuestra propia humanidad, a mirar el mundo con ojos despiertos y a recordar que el arte y la empatía son caminos eternos.
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