

Felipe “Pichi” Pérez nació el 2 de abril de 1953 en Guadalajara, Jalisco. Desde muy pequeño encontró en la música una parte de su alma. A los tan solo 9 años comenzó a tocar el violín y desde entonces su amor por la música de mariachi nunca dejó de crecer. Durante muchos años tuvo el orgullo de compartir su pasión y su talento junto a sus hermanos, su padre y grandes amigos que lo acompañaron a lo largo de su vida como músico. Su hermosa voz, su violín y todos los momentos que vivió haciendo lo que amaba fueron algunos de sus mayores orgullos.
A los 32 años contrajo matrimonio con Sonia, con quien formó una hermosa familia y tuvo cuatro hijos: Xochitl, Alexandra, Felipe y April. Con el paso de los años, su familia creció hasta regalarle siete nietos, quienes se convirtieron en uno de los amores más grandes de su vida. Para ellos fue siempre su querido Tata, aquel que difícilmente decía que no y que hacía todo lo posible por darles lo que le pedían. Su manera de demostrar amor estaba en esos pequeños detalles, en sus ocurrencias, sus consejos, sus órdenes y, sobre todo, en su presencia.
Hoy no solo despedimos a un padre, un abuelo, un hermano y un amigo; despedimos a un hombre cuya música y amor dejaron huellas en muchas vidas. Extrañaremos sus órdenes, su voz, sus ocurrencias y, más que nada, su presencia. Aunque ya no podamos escucharlo tocar o cantar, siempre habrá una parte de él que permanecerá con nosotros. Les pedimos que cuando escuchen una canción de mariachi, cuando suene un violín o cuando estén viendo un partido de las Chivas, recuerden a nuestro Pichi y sonrían por todo lo que fue y todo el amor que nos dejó.
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