

Con profundo dolor, pero con inmensa gratitud por la vida que compartió con nosotros, despedimos a Eduardo “Lalo” “Eddy” Romero, quien falleció el 28 de junio de 2026 en San Diego, California, a la edad de 59 años.
Eduardo nació el 27 de septiembre de 1966 en Tijuana, Baja California, México, hijo de María Olga Vallejo y Raúl Romero.
Desde muy joven se distinguió por ser un hombre trabajador, dedicado y perseverante. Dedicó gran parte de su vida a la industria de la construcción y, con esfuerzo y dedicación, logró cumplir uno de sus mayores sueños al fundar su propia empresa, Romero’s Concrete Pumping, de la cual se sentía profundamente orgulloso.
Con sus manos y su esfuerzo ayudó a construir lugares que hoy forman parte de la vida de miles de personas, entre ellos las estatuas de los hipopótamos en el Zoológico de San Diego, el estadio de Shamu en SeaWorld, Veterans Park en Imperial Beach, el cine AMC de Dennery Road y muchos otros proyectos a lo largo del condado de San Diego.
Quienes recorran estos lugares quizá nunca conozcan su nombre, pero disfrutarán espacios que existen gracias al esfuerzo y la dedicación de hombres como él. Ese también es parte de su legado: una huella que permanecerá no solo en su familia y en quienes lo amaron, sino también en la comunidad que ayudó a construir.
Cada jornada de trabajo, cada sacrificio y cada meta que alcanzó tuvieron un mismo propósito: darle lo mejor a su familia. Todo lo que construyó, dentro y fuera del trabajo, lo hizo pensando en las personas que más amaba. Para Eduardo, el verdadero éxito no se medía por las obras que dejaba atrás, sino por el amor, los valores y los recuerdos que construía junto a su familia.
Sin embargo, su mayor orgullo nunca fue su trabajo, sino su familia.
Eduardo fue un esposo amoroso, un padre ejemplar y un abuelo orgulloso. Le sobreviven su querida esposa, Francisca; sus hijas, Joanna, Christina y Karla; y sus adorados nietos, Alinah, Anthony, Gianna, Milah y Elias, quienes fueron una de las mayores alegrías de su vida.
También le sobreviven su querida madre, María Olga; sus hermanos Rosa Armida, Cristóbal, Marco Antonio, Adolfo y David; así como innumerables sobrinos, sobrinas, familiares, amigos y muchas personas que tuvieron la dicha de conocerlo y quererlo.
Le precedieron en la muerte sus hermanos Armando y Alfonso y su querida abuelita, Guadalupe.
Sin embargo, el legado de Eduardo va mucho más allá de su familia de sangre. A lo largo de su vida abrió las puertas de su hogar y de su corazón a muchas personas. Para muchos fue un padre, un consejero, un amigo y un ejemplo de amor incondicional. Su casa siempre estuvo abierta, siempre había un lugar más en la mesa y nadie se iba sin sentirse parte de la familia.
Su amor nunca estuvo limitado por los lazos de sangre. A lo largo de su vida hizo sentir a muchas personas como parte de su familia, brindándoles apoyo, cariño y el ejemplo de un padre. Quienes tuvieron la dicha de cruzarse en su camino encontraron en él un hogar, un consejo y un amor sincero que jamás olvidarán.
Quienes tuvieron el privilegio de conocerlo lo recordarán por su gran corazón, su generosidad, su sentido del humor y su capacidad para hacer reír a todos. Le encantaba reunir a la familia para hacer carne asada, salir de campamento, celebrar los días festivos y cocinar para todos.
Para Lalo, no hacía falta una ocasión especial; cualquier día era perfecto para prender el asador, reunir a la familia y crear un recuerdo más. No había nada que disfrutara más que ver a su familia reunida, compartiendo risas y creando recuerdos inolvidables.
Sus nietos siempre ocuparon un lugar muy especial en su corazón. Nunca olvidarán el famoso “Chocolate Time” con su abuelo, cuando les daba chocolates a escondidas de sus mamás solo para ver sus sonrisas y compartir un momento de complicidad con ellos. Esas pequeñas travesuras, llenas de amor, ternura y alegría, se convirtieron en recuerdos que llevarán en el corazón para toda la vida.
Eduardo será recordado por su bondad, su amor incondicional, su generosidad y su alegría de vivir. Nos enseñó que la familia no siempre se forma por la sangre, sino por el cariño, la lealtad y las puertas abiertas del corazón.
Aunque hoy su ausencia deja un profundo vacío, su amor permanecerá vivo en cada reunión familiar, en cada carne asada, en cada historia que contemos y en cada persona cuya vida fue tocada por su inmenso corazón.
Descansa en paz, Lalo.
Gracias por enseñarnos que la familia se construye con amor. Tu legado vivirá por siempre en nuestros corazones.
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En lugar de flores, la familia agradece cualquier apoyo que deseen brindar a Francisca durante este difícil momento. Cada gesto de cariño, ya sea una oración, un abrazo o una ayuda económica, será recibido con profunda gratitud.
La velación se llevará a cabo en Funeraria del Angel National City, 607 National City Blvd, National City, California, 91950, el día 13 de julio de 2026, de 4:00 pm a 10:00 pm.
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v.1.18.0