

Algunos de ustedes lo conocieron como “el Macizo”. Algunos simplemente como Jorge. Tal vez fue un apodo que conservo desde su juventud. De cualquier forma, la palabra “macizo” lo define perfectamente, una persona con carácter, pero también con un corazón lleno de amor, sabiduría y una presencia inconfundible.
Sus cualidades fueron muchas: gran padre, esposo, hijo, amigo, abuelo. También fue un gran maestro, colega y hasta filósofo. La vida le presento una partida dura y, sin embargo, la navego con inteligencia y determinación. A corta edad, aprendió a solucionar las complejidades de la vida y resolvió a su manera. Entendió que el mundo esta lleno de lecciones y hizo un arte del dominio de la adversidad.
Viajo de Mazatlán a Tijuana a los catorce años acompañado de su primo Manuel en un Chevy 57. Tuvo la fortuna de integrarse a la familia de Carlos y su tan adorada Tía Juanita. Aquí se fundaron algunas de las relaciones mas importantes de su vida que mantuvo por el resto de sus días. En esta ciudad también fue donde comenzó su trayectoria de padre. Mas tarde llevando su historia hasta la ciudad de Los Ángeles, convirtiéndose en padre por segunda vez.
A finales de los años setenta, el destino lo lleva de nuevo a Tijuana. Platico que, en este regreso, la única certeza que llevo es que mantendría una vida de soltería y libertad. Le duro poco esta certeza, ya que antes de terminar esta década, conoció a Chayito. Unos años después, se da una invitación a un café, que, por cierto, aun no queda esclarecido quien invito primero…
Esta invitación, se convierte en un noviazgo, y unos años después, en un matrimonio, relación que sobrevivió mas de 45 años. Se convierte en padre por tercera, cuarta y quinta vez. Esta aventura continua hasta sus últimos días, dando como frutos una trayectoria al frente de operaciones de manufactura en ciudades como Tijuana, Mexicali y San Diego. En lo personal, siempre orgulloso de sus hijos, Jorge Omar, Ivan, Amalia, Jorge y Mariana. Siempre presente para escucharlos, fuera una llamada camino al trabajo, una plática, celebrar logros o simplemente apoyarlos y darles su amor.
Mas tarde, se convierte en abuelo. Es importante destacar que esta etapa de su vida fue una de las que mas disfruto. Se entrego a sus nietos con esa sabiduría que lo caracterizaba. Orgulloso de los logros de sus nietos Julia, Lizelle, y Matthew, todos ejerciendo carreras en importantes universidades y que con tanto orgullo el atribuía con haber heredado su don académico. En 1968, gano un concurso escolar a nivel estatal cual premio fue un viaje a la Ciudad de México a conocer al presidente Gustavo Diaz Ordaz. En este viaje, convenció a sus maestros que integraran una parada en Urias para abrazar y visitar a su querida abuela Elena.
También admiro profundamente la dedicación de su nieta Sophia por el deporte y su determinación por triunfar. Emma y Elena le dieron la oportunidad de revivir parte de su niñez y permitir al niño que comenzó esta aventura en adversidad gozar del amor inocente. Llevo un gran agradecimiento por cada uno de sus descendientes y los gozo hasta el final.
Partió de este mundo feliz, rodeado de amor y en sus palabras, “listo para volar, emprender el viaje y conocer el universo”.
SHARE OBITUARYSHARE
v.1.18.0