

Benigno fue un hombre de familia, de corazón noble y muy trabajador. Amaba el béisbol y el boxeo, deportes que disfrutaba con alegría y que compartió en muchos momentos con quienes lo rodeaban. Su vida fue un testimonio de esfuerzo, amor y dedicación.
Hoy lloramos su partida, pero nos aferramos a la promesa de la vida eterna, confiando en la Palabra de Dios que dice:
“El Señor es mi pastor; nada me faltará.” (Salmo 23)
Creemos que ahora se encuentra en el descanso del Señor, donde ya no hay dolor, ni llanto, ni sufrimiento, y donde la esperanza de la resurrección nos sostiene.
Que Dios fortalezca los corazones de la familia y de todos los que
hoy sienten su ausencia, y que Su paz que sobrepasa todo entendimiento los cubra en este tiempo difícil.
“Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.”
— Juan 11:25
Descansa en paz, Benigno Delgado.
Tu recuerdo permanecerá siempre en nuestros corazones.
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v.1.18.0