

Reinol nació el 29 de noviembre de 1954 en Perico, Matanzas, Cuba. En las escuelas en el campo de Jagüey Grande, conoció en 1977 al amor de su vida, Alicia Ojeda González, con quien compartió 45 años de matrimonio y formó la hermosa familia que hoy continúa siendo el reflejo de todo lo que juntos construyeron.
Si hubiera una frase capaz de definirlo sería esta: “Para él, nada era imposible.”
Tenía un ingenio admirable. Disfrutaba entender cómo funcionaban las cosas, desarmarlas, repararlas y encontrar soluciones donde otros veían problemas. Aunque un poco obstinado, casi siempre tenía la razón. Con frecuencia, emprendía un nuevo proyecto encontraba la manera de ayudar a quien lo necesitara.
Construyó con sus propias manos nuestra primera casa en Cuba, el hogar donde crecimos y vivimos durante treinta años. Ya en Estados Unidos, prácticamente levantó desde cero su propia casa y las de sus hijos.
En Cuba, dedicó gran parte de su vida a la enseñanza como profesor de Educación Física y director de centros de enseñanza media. Sus ex-alumnos continuaron llamándolo "maestro" con el paso de los años, no solo por lo que les enseñó académicamente, sino por el ejemplo y las lecciones de vida que dejó en cada uno de ellos.
Disfrutaba del buen humor, y también nos alegraba con sus bromas y ocurrencias. Era cariñoso, trabajador, humilde, generoso y profundamente dedicado a su familia y a sus amigos, que acudían a él cuando necesitaban un consejo, una idea o alguien capaz de solucionar un problema. Para muchos fue más que un amigo: fue familia.
Le apasionaban la fotografía, la electrónica, los barcos y submarinos, la aviación y la ingeniería; juntos tuvimos la oportunidad de explorar esas pasiones y la fortuna de recorrer el mundo a su lado. Compartimos inolvidables viajes por Europa, cruceros en familia, la emoción de visitar el Estadio Santiago Bernabéu, el parque nacional Yosemite, las majestuosas Cataratas del Niágara y, hace apenas unas semanas, nuestro último viaje juntos a Naples. Hoy esos recuerdos son algunos de los tesoros más valiosos que conservamos.
Fue precedido en el fallecimiento por sus padres, Bernardino Pereira y Claudina Martínez, así como por su hermano Rolando Pereira.
Le sobreviven su amada esposa, Alicia Ojeda González; sus hijos, Randy Pereira, Maikel Pereira y Yessi Pereira; sus nietos, William y Logan y su nieta Camila; sus hermanos, Raúl Pereira y René Pereira; además de muchos familiares y amigos, tanto en Cuba como en
Estados Unidos y otras partes del mundo, quienes tuvieron el privilegio de conocerlo y quererlo.
Hoy sentimos un vacío imposible de describir, pero también una inmensa gratitud por haber compartido la vida con un hombre tan extraordinario. Su ejemplo de trabajo, generosidad, humildad, perseverancia y amor seguirá guiándonos cada día.
Viejo, gracias por cuidarnos siempre, por enseñarnos que ningún reto es imposible y por llenar nuestras vidas de amor, alegría y tantos recuerdos inolvidables.
Ten por seguro que seguiremos adelante con tantos proyectos que quedaron por realizar, y los que ni siquiera se habían ideado. Estás presente en cada uno de ellos, en cada día de nuestras vidas, en cada viaje, en cada reunión familiar y en cada momento en que volvamos a sonreír al recordarte. Extrañamos profundamente tu presencia física, pero vives por siempre en nuestros corazones.
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