

FERNÁNDEZ DE SÁNCHEZ
Cariñosamente conocida por todos como
Consuelito, nació en Bogotá, Colombia, el 9 de noviembre de 1951, hija de José AntonioFernández e Isaura Avellaneda. Después de una vida dedicada a su familia, al servicio y a su fe en Jesucristo, falleció el 26 de octubre de 2026, dejando una huella imborrable en todos aquellos que tuvieron la bendición de conocerla y amarla.
Creció rodeada del amor y los cuidados de sus padres, en un hogar donde disfrutó de una niñez y adolescencia felices y tranquilas. Después de la pérdida de su hermanito mayor, José Antonio, quien falleció al nacer, llegó ella a la familia, seguida por su hermano Omar, con quien compartió una relación entrañable que perduró a
lo largo de sus vidas.
Consuelito estudió y se graduó del Instituto Pedagógico Nacional de Bogotá, donde cultivó amistades que la acompañaron durante toda su vida. Desde joven se distinguió por su espíritu alegre, su cariño hacia los demás y su gusto por el buen vestir. Tenía una manera especial de disfrutar la vida y de hacer sentir bien a quienes la rodeaban.
Después de graduarse, decidió prepararse en pedagogía infantil. Fue en esa etapa de su vida cuando conoció a José Leonardo Sánchez, su querido Leonardito, quien se convertiría en el amor de su vida. Contrajeron matrimonio el 11 de octubre de 1972, dando comienzo a una historia de amor y compañerismo que marcaría
profundamente sus vidas.
Una historia de amor: su rey y su reina
Consuelito y Leonardito compartieron una historia de amor profunda y especial. Eran, sin duda, almas gemelas.
Su amor se manifestaba en los pequeños detalles de cada día, en la manera respetuosa y amorosa en que se hablaban, en el cuidado
mutuo y en la disposición de servirse el uno al otro.
Entre ellos no había lugar para las palabras hirientes; su relación estaba marcada por el respeto, la ternura y la consideración.
Leonardito era un hombre detallista que disfrutaba sorprender a Consuelito con flores, invitarla al teatro, al cine o a comer, y hacerla
sentir especial. Disfrutaban compartir la vida juntos, pero también respetaban sus espacios e individualidad, apoyándose mutuamente en sus intereses y responsabilidades. Su fe era otro de los pilares que los unía: servían juntos en la Iglesia y se acompañaban en sus
llamamientos y responsabilidades.
Como padres, ambos tomaron muy en serio su responsabilidad de enseñar y guiar a sus hijos en el evangelio de Jesucristo. No solo les enseñaron con sus palabras, sino principalmente con su ejemplo y con la manera en que vivían cada día. Realizaban las
noches de hogar y leían las escrituras en familia, procurando que el Evangelio formara parte de la vida de sus hijos y de su hogar.
Eran un equipo unido, edificado sobre los cimientos del Evangelio de Jesucristo, y enseñaron a sus hijos que la fe se fortalece al
vivirla, compartirla y ponerla en práctica con amor.
Para Leonardito, Consuelito era su reina; para Consuelito, Leonardito era su rey. Así se amaron, se cuidaron y se acompañaron durante su vida juntos, dejando a sus hijos el ejemplo de un amor que se demuestra con hechos, con respeto, con servicio y con pequeños detalles que, con el paso de los años, se convierten en los recuerdos más preciados.
Su matrimonio fue mucho más que una unión: fue una sociedad de amor, una amistad profunda y una promesa eterna que ambos
abrazaron con fe al sellarse en el Templo de Salt Lake City el 9 de noviembre de 1977.
Una mujer de fe, servicio y creatividad
Con el paso de los años, su familia creció con la llegada de sus cuatro hijos: María Ángela, Andrés, Johanna y José Leonardo. Consuelito encontró en la maternidad una de sus mayores alegrías y dedicó gran parte de su vida al cuidado de sus hijos y de su hogar. Junto a Leonardito formó un verdadero equipo,construyendo una familia en la que el amor, launión y la dedicación fueron siempre fundamentales.
En 1975, sus vidas tomaron un rumbo trascendental cuando conocieron a los misioneros élderes Fausett y Meyers, de La
Iglesia de Jesucristode los Santos de los Últimos Días.
A través de ellos conocieron las enseñanzas del evangelio de Jesucristo y decidieron bautizarse. Un año después, tuvieron la
bendición de sellarse como matrimonio por esta vida y por la eternidad en el Templo de Salt Lake, una promesa que llegó a ocupar un lugar central en sus corazones.
En la Iglesia encontraron una familia espiritual y una manera de vivir su fe a través del servicio. El testimonio de Consuelito en
Jesucristo y su confianza en las promesas del Evangelio fueron el estandarte que guió su vida. Sirvió con amor y dedicación en
diferentes llamamientos en la Sociedad de Socorro, Mujeres Jóvenes y Primaria, tanto en el barrio como en la estaca. También tuvo la oportunidad de servir en el almacén del obispo y como líder de capacitación de autosuficiencia en el área. Sin embargo, por encima de todos sus llamamientos y responsabilidades, su esposo y sus hijos siempre fueron su prioridad. Su hogar y su familia ocuparon el lugar más importante de su corazón.
Cuando sus hijos llegaron a la adolescencia, Consuelito comenzó a desarrollar nuevas habilidades y talentos. Aprendió a decorar
pasteles en pastillaje, a tejer a crochet junto a su mamá a bordar, y a crear hermosas decoraciones.
También emprendió un negocio de catering, en el que, como buena mamá, involucraba a toda la familia. Siempre encontraba la manera de poner a todos a ayudarle, convirtiendo el trabajo en momentos compartidos y recuerdos que hoy forman parte de la historia familiar.
Era una mujer creativa, trabajadora y emprendedora, pero su mayor satisfacción nunca estuvo en lo que hacía o producía, sino
en las personas que amaba. Amó profundamente a sus padres y a su hermano Omar, y su familia fue siempre su mayor tesoro.
La vida también la llevó a enfrentar algunas de sus pruebas más dolorosas. Primero tuvo que despedir a su mamá, después a su querido hermano Omar y, más tarde, a Leonardito, el amor de su vida, su alma gemela y su compañero eterno. Después del fallecimiento de su esposo, también tuvo que despedir a su papá, otra de las personas fundamentales en su vida.
La partida de Leonardito significó para Consuelito aprender a vivir sin aquel compañero con quien había compartido tantos años, sueños, alegrías y responsabilidades. Después de una vida en la que se habían cuidado y acompañado mutuamente, su ausencia dejó un vacío profundo. Fueron años difíciles, marcados por la nostalgia de los seres queridos que ya no podía abrazar en esta vida.
Sin embargo, Consuelito siguió adelante. Se sostuvo en su fe en Jesucristo, en sus convenios y en la promesa de que las familias
pueden permanecer unidas por la eternidad. Aunque extrañaba profundamente a quienes habían partido antes que ella, continuó
sirviendo, amando y encontrando propósito
en la compañía de sus hijos y sus familias.
Su historia es un testimonio de que la fortaleza no consiste en no sentir dolor, sino en seguir caminando aun cuando el corazón
extraña, confiando en que el amor verdadero no termina con la muerte.
Una nueva etapa y un legado que permanece
Después de varios años de visitar a sus hijos y sus respectivas familias, Consuelito tomó la decisión de mudarse definitivamente a
Estados Unidos para comenzar una nueva etapa de su vida. Fue un cambio importante: tuvo que adaptarse a un nuevo país, aprender
otro idioma y construir una nueva rutina lejos de la tierra que la vio nacer. Pero lo hizo con el propósito de permanecer cerca de sus hijos, acompañar a sus nietos y seguir siendo parte activa de la vida de su familia.
Disfrutó de pasar temporadas del año con cada uno de sus hijos, compartiendo sus hogares y convirtiéndose en una presencia
fundamental en la vida familiar de cada uno. Tuvo la dicha de crear vínculos especiales con sus nietos y de extender ese amor hasta sus bisnietos, quienes también pudieron conocer y disfrutar de su cariño.
Consuelito deja mucho más que recuerdos. Deja el ejemplo de una mujer que amó profundamente, que encontró propósito en servir a los demás, que supo desarrollar sus talentos y que, aun después de experimentar pérdidas profundas, mantuvo su fe y siguió adelante. Deja amistades que perduran por décadas, enseñanzas que se transmitieron de generación en generación y una familia que
lleva consigo parte de todo lo que ella fue. Su legado es de amor, servicio, generosidad, amistad y, sobre todo, de una fe inquebrantable en Jesucristo y en las promesas de Su Evangelio.
Una despedida llena de amor y esperanza
Su familia y sus seres queridos despiden a Consuelito con profunda tristeza por su ausencia, pero también con inmensa gratitud por el privilegio de haber compartido su vida. Permanecen sus enseñanzas, su ejemplo de amor y servicio, los recuerdos que serán atesorados por siempre y la fe que transmitió de generación en generación.
Su historia de amor con Leonardito fue una de las bendiciones más hermosas de su vida. Fueron almas gemelas que se amaron, se
cuidaron y se eligieron cada día, construyendo juntos un hogar fundamentado en el respeto, el servicio y el Evangelio de Jesucristo. Para Leonardito, Consuelito siempre fue su reina;
para Consuelito, Leonardito siempre fue su rey.
Cuando Leonardito partió de esta vida, más de 16 años antes que ella, Consuelito tuvo que aprender a caminar sin su compañero eterno.
Aunque continuó adelante, sirviendo y rodeándose del amor de sus hijos, sus nietos y sus bisnietos, una parte de su corazón siempre
guardó la esperanza de volver a estar con él.
Con su partida, el 26 de octubre de 2026, después de más de 16 años de separación, su familia encuentra consuelo en la esperanza de aquel reencuentro tan anhelado. Es hermoso imaginar a Consuelito reuniéndose nuevamente con su amado Leonardito, a su
rey recibiendo una vez más a su reina y a ambos disfrutando de la alegría de estar juntos después de tantos años.
La fe que ambos abrazaron durante sus vidas es un testimonio de que la muerte no representa el final de los vínculos familiares y
de que, por medio de Jesucristo y de Sus promesas eternas, las familias pueden permanecer unidas para siempre.
Consuelito será recordada por haber enseñado a sus hijos y a las generaciones que la siguieron a amar, servir, perseverar yconfiar en las promesas del Señor. Su lugar en la familia será siempre especial, y su influencia continuará viva en cada uno de sus
seres queridos y en las generaciones venideras.
Su vida fue una expresión de amor, fe y servicio. Su familia encuentra paz en la esperanza de que, después de tantos años de separación, su querida Consuelito y su amado Leonardito puedan estar juntos nuevamente.
Su recuerdo permanecerá para siempre en los corazones de quienes la amaron, hasta el día de un nuevo encuentro.
Su familia
Consuelito deja a sus cuatro hijos, quienes continúan su legado de amor junto a sus cónyuges, hijos y nietos.
María Ángela Sánchez-Gómez, su hija, junto a su esposo, David Gómez, y su familia:
* Danny Gómez, su esposa Shelby y sus hijos Jett Leonardo y Duke Evan, bisnietos de Consuelito
* Gabby Levy, su esposo Terrell y su hijo Wolf Nakoa, bisnieto de Consuelito
* Santiago Gómez y su esposa Addi
Andrés Sánchez, su hijo, junto a su esposa, Claudia Sánchez-Lizcano, y su familia:
* Samuel Sánchez y su esposa Elizabeth
* Isabella Sánchez de León y su esposo Jay
* Lucas Sánchez
Johanna Simon-Sánchez, su hija, junto a su esposo, Ben Simon, y su familia:
* Joshua Andre Simon
* Joseph Sean Simon
* Isaura Nina Simon
José Leonardo Sánchez, su hijo, junto a su esposa, Andrea Sánchez-García, y su familia:
* Matías Sánchez
* Victoria Sánchez
Su amor seguirá presente en cada generación, y su recuerdo permanecerá vivo en los corazones de todos aquellos que tuvieron la bendición de conocerla y amarla.
A viewing will be held on October 30, 2026, from 12:30 pm to 1:30 pm at The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, 9950 S. Mason Rd, Richmond, TX 77406
A funeral service will be held on October 30, 2026, from 2:00 pm to 3:30 pm at The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, 9950 S. Mason Rd., Richmond, TX 77406
SHARE OBITUARYSHARE
v.1.18.1