

Con el corazón lleno de amor y gratitud, compartimos que nuestra querida madre, Bertha Ramirez de Ayala, cariñosamente conocida por todos como “Doña Bertita”, partió a descansar el 3 de octubre de 2026, a los 76 años. Fue el corazón y el alma de nuestra familia: una mujer cuya fortaleza serena nos mantuvo unidos, cuya sonrisa llenaba nuestro hogar de calidez y tierna compasión nos formó a cada uno de nosotros. El legado de amor que nos deja nos abrazará por siempre.
Doña Bertita tenía el corazón más dulce y generoso. Recibía a todos con los brazos abiertos, siempre dispuesta a ofrecer consuelo, una palabra amable y una mano amiga con una sonrisa. Cocinar era su manera de demostrar amor, y ponía todo su corazón en cada platillo. Su cocina era el lugar más cálido del mundo, lleno de aromas deliciosos, risas y seres queridos reunidos alrededor de su mesa. Ahí cuidaba con amor a sus hijos, a sus nietos y a cada persona que cruzaba su puerta, haciendo que todos se sintieran parte de la familia.
Nada la hacía más feliz que pasar tiempo con su familia, y sus nietos eran la luz de su vida. Atesoraba los momentos sencillos y hermosos de la vida: visitar La Piedad, Michoacán, México —“mi tierra”, como siempre la llamaba con cariño—; los viajes por carretera al otro lado de la frontera con sus hijos; los días tranquilos cerca de la playa; y los conciertos, donde podía cantar, sentir la música y dejar brillar su espíritu alegre.
La recuerdan con amor sus hijos, Maria Salazar, Jose Luis Ayala, Betty Perez y Cesar Ayala, quienes siempre la llevarán en el Con el corazón lleno de amor y gratitud, compartimos que nuestra querida madre, Bertha Ramirez de Ayala, cariñosamente conocida por todos como “Doña Bertita”, partió a descansar el 3 de octubre de 2026, a los 76 años. Fue el corazón y el alma de nuestra familia: una mujer cuya fortaleza serena nos mantuvo unidos, cuya sonrisa llenaba nuestro hogar de calidez y tierna compasión nos formó a cada uno de nosotros. El legado de amor que nos deja nos abrazará por siempre.
Doña Bertita tenía el corazón más dulce y generoso. Recibía a todos con los brazos abiertos, siempre dispuesta a ofrecer consuelo, una palabra amable y una mano amiga con una sonrisa. Cocinar era su manera de demostrar amor, y ponía todo su corazón en cada platillo. Su cocina era el lugar más cálido del mundo, lleno de aromas deliciosos, risas y seres queridos reunidos alrededor de su mesa. Ahí cuidaba con amor a sus hijos, a sus nietos y a cada persona que cruzaba su puerta, haciendo que todos se sintieran parte de la familia.
Nada la hacía más feliz que pasar tiempo con su familia, y sus nueve nietos que eran la luz de su vida. Atesoraba los momentos sencillos y hermosos de la vida: visitar La Piedad, Michoacán, México —“mi tierra”, como siempre la llamaba con cariño. También disfrutaba los viajes a Tijuana con sus hijos. Aunque le encantaba cocinar en casa, siempre gozaba sus salidas a desayunar, donde podía compartir historias y buenos sabores. Sus aventuras viajando a lugares que llenaban de alegría, como Punta Cana, Cancún y Cabo, siempre le regalaban recuerdos inolvidables. En las tardes, le hacía feliz ver sus novelas, su costumbre favorita del día. También amaba sus días de compras, donde encontraba pequeños gustos que iluminaban su espíritu. Y por último, los conciertos eran su lugar feliz, donde podía cantar, sentir la música y dejar brillar su espíritu alegre.
La recuerdan con amor sus hijos, Maria Salazar, Jose Luis Ayala, Betty Perez y Cesar Ayala, quienes siempre la llevarán en el corazón. Aunque nos duele profundamente su ausencia, nuestros corazones rebosan de gratitud por cada momento valioso que compartimos: cada historia que nos contó, cada abrazo cálido, cada lección que nos enseñó y cada gesto sencillo con el que nos demostró lo mucho que nos amaba.
Descansará junto a su amado esposo, Jose R. Ayala, nuevamente juntos, en un nicho donde familiares y amigos podrán visitarla y celebrar la hermosa vida que vivió. La extrañaremos más de lo que las palabras pueden expresar, pero su espíritu amoroso permanecerá siempre con nosotros: en nuestro corazón, en nuestros recuerdos más queridos y en el amor que nos enseñó a compartir unos con otros. Descanse en paz, Bertita.
La amaremos por siempre!
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v.1.18.1