Fue una mujer querida por su familia y amigos, recordada por su bondad, fortaleza y amor incondicional hacia sus seres queridos. Fue una mujer de fe que siempre ayudó a quien le pedía ayuda. Su vida estuvo llena de dedicación a toda su familia y de momentos que dejaron huella en todos los que la conocieron.
Le sobreviven su esposo, hijos, nietos, bisnietos y amigos, quienes la recordarán con cariño, amor y gratitud por todo el amor que compartió. Su memoria vivirá siempre en los corazones de quienes tuvieron el privilegio de conocerla.
“El Señor es mi pastor; nada me faltará… Aunque camine por valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque Tú estás conmigo.” — Salmo 23
Que la Santísima Virgen María la reciba en sus brazos y la acompañe en su descanso eterno.
Hoy confiamos en que Dios la ha llamado a Su presencia y que goza de la vida eterna.
En paz descanse. Rueguen a Dios por su alma.
Luz María Díaz Pérez