Residente de Trujillo Alto, Puerto Rico, Felicita será recordada con profundo respeto por la huella serena que dejó en quienes tuvieron el privilegio de conocerla. Su vida se distinguió por una bondad constante y una generosidad que se ofrecía sin alardes, acompañadas de una fortaleza valiente y un espíritu trabajador que se reflejaban en su manera de estar presente para los suyos. A esa calidez se sumaba una amabilidad natural y un sentido del humor oportuno, capaz de aliviar el día y acercar corazones.
Disfrutaba de los juegos de Bingo y Dominoes, espacios donde su compañía se hacía especialmente grata. También encontraba alegría en la cocina; sus comidas, siempre suculentas, hablaban de dedicación, esmero y el cariño con el que compartía lo mejor de sí.
Que su memoria permanezca como testimonio de una vida vivida con dignidad, entrega y afecto.