

Un 13 de octubre de 1955, nació en Arecibo Gloria Rodríguez Robles. Fue la cuarta hija de 9 hermanos, pero la mayor del segundo matrimonio de su madre. Actualmente, sobreviven 6: Hilda, Lucy, Salvador, Teófilo, Israel y Reynaldo. Sus padres fueron Julia Robles Maldonado y Victorio Rodríguez.
En su primer año de vida, se mudaron para Hato Rey, donde vivió hasta los 21 años. A esa edad contrajo matrimonio con quien fue su esposo por 44 años, 7 meses y 12 días; Ramón Luis Castillo González, a quien muy cariñosamente le decía “Moncho”. Como fruto de ese amor, nacieron sus hijos Alex, Juan y Beatriz.
Gloria tuvo 8 nietos, a quienes siempre consentía: Keishla, Gabriela, Jean, Fabián, Lydia, Alondra, Alextza y Yanielis. La mayor parte de su vida se dedicó a cuidar su hogar y criar a sus hijos a tiempo completo, pero en algunos años trabajó como cajera y asistente de directora de un colegio.
Ella pasó un sinfín de situaciones difíciles en su vida. Desde niña probó el sabor del maltrato por parte de su padre, a quien perdonó y también cuidó. Gloria no encontró excusas para detenerse, decidió salir adelante siempre. Supo convertir sus circunstancias en un paraíso, muchas veces sin tener las herramientas esenciales para hacerlo. Definitivamente, ella llenó todas las bases: como esposa, madre, hermana, tía, abuela, hija y amiga. A pesar de las adversidades siempre estuvo muy cerca de su amada madre, a quien cuidó hasta su último suspiro. Así pudo enseñarle a su hija como hacerlo con ella cuando la enfermedad tocó su vida.
Era experta en ser el paño de lágrimas de sus hijos, sus hermanas y sus amigas. Solo tenía que enterarse de que alguien necesitaba algo para salir con toda prisa a ayudar. Encontraba algo donde no había, lograba que una ollita de arroz alimentara a 40 personas. Comprar regalos de Navidad era su deporte favorito. Desde pequeña ayudaba a su mamá en todo, con rapidez y eficacia; ella era el fosforito de la familia. Disfrutaba salir, así fuera a la vuelta de la esquina. Cualquier motivo era bueno para tener la “pata alza”, como ella decía; prefería estar todo el día caminando a pasar el tiempo en ocio. Le gustaba leer, aprender, hablar correctamente y hacer sopa de letras. No le gustaba ver televisión, hasta que llegaba la hora de Puerto Rico Gana. Amaba conectar con la naturaleza, y soñaba con viajar el mundo.
Siempre hablaba de sus nietos, de todos sus logros y de cuánto los amaba. Quien la conocía llegaba a sentir que lo hacía de toda una vida. En su última década tomó más conciencia sobre el trato de amor, sobre pedir perdón, sobre perdonarse a sí misma y perdonar a los demás. Una mujer de carácter fuerte, decidida, valiente y con corazón noble. Ella era desprendida, compasiva y alegre, no tan solo con su familia sino con sus amigos, vecinos y hermanos de la congregación.
El mayor logro de Gloria fue ser una mujer resiliente. Ella fue capaz de afrontar situaciones potencialmente traumáticas y también pudo salir fortalecida de ellas. Esto no es una cualidad innata, ser resiliente implicó que ella pudiera reestructurar sus recursos en función de las nuevas circunstancias y de distintas necesidades. La vida de Gloria fue una metamorfosis, que dejó alas de colores hermosos en cada corazón que tocó. Nunca olvidaremos su hermosa y agradable sonrisa, la que iluminaba aún en la claridad. Jamás olvidaremos su elegancia, su calidad de ser humano, sus abrazos que rompían costillas, sus risas, su amor, su sentido de humor.
La vida es efímera y fugaz, pero el amor nos ayuda a construir un paraíso de paz y gloria eterna. Eso fue lo que logró Gloria un 2 de abril de 2022 a las 2:45 de la madrugada, rodeada de personas que la aman sin condiciones por siempre, su familia.
Siempre vivirá en nuestros corazones, Gloria, mami, má, abue, mamacita, Glory, negrita.
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