

Mami Ruddy's Martínez desde que salió de su casa a los 13 años de edad dedicó su vida a empoderar y entretener a los demás. Se puede decir con sumo orgullo que fue una artista que vivió hasta su último suspiro del arte, la belleza y el estilo. Desde su atelier en Levittown, Puerto Rico, diseñó, confeccionó y alteró innumerables vestidos para reconocidos artistas, compañías y eventos en el país y el exterior, y desde ese mismo lugar creó todas las piezas que utilizaba en sus presentaciones a través de toda la isla.
Se ganó el seudónimo de Mami Ruddy's porque era y siempre será la matriarca de la comunidad LGBTQIA+ en Puerto Rico. Su afecto, protección y buenos consejos para cada “coco”, como ella cariñosamente llamaba a cada miembro del colectivo, siempre llegaban profundo y hacían reflexionar. Ella era tan especial, tan única, que muchos, o todos de los aquí presentes, saben la forma tan jocosa y distintiva en la que le cantaba el happy birthday a sus seguidores cada vez que se le presentaba la oportunidad.
La Pantoja de Puerto Rico siempre fue una ferviente defensora de la comunidad LGBTQIA+ y desde la década del 80 abrió las puertas de su hogar y recibió a un sin número de jóvenes miembros del colectivo que requerían cobijo, sustento y un empujón para continuar progresando en su vida.
Su carisma, talento, sentido del humor, ocurrencias, espontaneidad, amor maternal y estilo impecable calaron profundo en la vida de sus fanáticos, quienes regularmente le pedían la bendición antes de subir a los escenarios.
Mami Ruddy's no quiso que la despidieran; en su lugar, pidió que su simpatía, energía, espíritu vivaracho, vivencias y su activismo en pro de la comunidad vivan en el corazón de cada miembro de este grupo de personas que tanto amó y se regaló durante décadas.
Te recordaremos y honraremos tus consejos. ¡Gracias por tanto!
¡Arriba, Arriba! Descansa en paz, llena de poder y del reconocimiento por un legado impecable en esta tierra.
Te amamos.
Ahhh, and if there are any tourists here, she always welcomed them and treated them like one of the group. And as she always said with her unique style at the end: "Thank you, sarabambiches!"
Casa Ruddy’s Martínez
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