A lo largo de su vida, Norman se distinguió por una valentía serena y constante, de esas que no buscan reconocimiento, pero que sostienen a quienes lo rodean en los momentos más difíciles. Su trato fue siempre amable y considerado, marcado por una gentileza que se hacía notar en lo cotidiano y por una paciencia que ofrecía calma y confianza.
Fue también un hombre de generosidad auténtica y de lealtad firme: alguien en quien se podía confiar, alguien que permanecía presente, con discreción y entrega. En su manera de acompañar, de escuchar y de estar, Norman dejó una huella que inspira; una presencia que, sin alardes, alentaba a otros a seguir adelante con dignidad y esperanza.
Norman residía en Carolina, Puerto Rico. Su recuerdo permanecerá con gratitud en quienes tuvieron el privilegio de conocerlo y compartir parte de su camino.