Quienes tuvieron el privilegio de conocerlo recordarán en Oscar a un hombre de trato sereno y espíritu apacible, cuya presencia transmitía calma y consideración. Su manera de relacionarse con los demás reflejaba una compasión auténtica, expresada con discreción y constancia, y una gentileza que se hacía notar en los gestos cotidianos.
Con igual dignidad, Oscar afrontó los desafíos de la vida con valentía, sosteniendo con firmeza lo que consideraba correcto y acompañando a los suyos con entereza. Su recuerdo permanece como testimonio de una vida vivida con respeto, sensibilidad y coraje.