Zuleima será recordada con cariño por quienes tuvieron el privilegio de conocerla. En su presencia se hacía evidente una bondad serena y una manera de estar en el mundo marcada por la paciencia y la delicadeza. Su generosidad se expresó siempre con sencillez, en gestos oportunos y en una disposición constante a dar sin esperar reconocimiento.
A lo largo de su vida, Zuleima sostuvo con firmeza una fe que le dio sentido y fortaleza. Con honestidad y entereza, supo atravesar los desafíos propios del tiempo, mostrando una resiliencia discreta pero profunda. Queda el testimonio de una vida vivida con rectitud, ternura y una calidez que permanece en la memoria de sus seres queridos.
Su ausencia se siente, pero su legado de amor, fidelidad y cuidado seguirá acompañando a quienes la recuerdan con gratitud.