Francisco fue una luz en la vida de todos los que lo conocieron. Siempre sonriente, con un espíritu alegre que contagiaba a quienes lo rodeaban. Era casi imposible verlo triste; su risa, su voz cantando y su pasión por el fútbol eran parte esencial de quien era. Tenía el don de hacer amigos dondequiera que iba, dejando huellas imborrables con su calidez y su manera sincera de ser.
Francisco fue un hijo, hermano y padre lleno de amor. Le sobreviven sus tres tesoros más grandes: sus hijos Alexia Solis, Eden y Edeleen, quienes heredarán su alegría y su corazón generoso. También le sobreviven sus padres, Francisco Solis e Ignacia Martínez, y sus hermanos: Gerardo, Gilda, Lorenza, América, Héctor y Yuliana, quienes lo recordarán siempre con profundo amor y orgullo.
Aunque su partida deja un vacío inmenso, su recuerdo vivirá en cada canción, en cada risa, y en cada corazón que tocó. Francisco fue, y siempre será, una bendición en nuestras vidas.
Descansa en paz, Francisco. Tu luz seguirá brillando en nosotros.