muros que detuvieran mi paso Y me obligaran a renunciar a mis propósitos:
Todas las heridas recibidas en el trayecto las sané con sus recuerdos de niños.
Sus rostros fueron los pilares con que me sostuve y, alegre, continué mi
marcha sin volver atrás. No hubo abandono... todo fue amor. Y aun en la
distancia de nuestros cuerpos mi alma vive en las suyas con las alas que les di.
No tengan pensamientos erroneos y funestos De que tras estos muros del
sepulcro yazgo: ¡El crepúsculo es la ventana universal por donde,
día a día, los conforto!