que cada uno derrama,
como lluvia sobre la tierra,
nutren todo el AMOR que
en vida para ella abundo.
Ahora el trabajo de nuestra
Mamá ha terminado,
su labor terrenal ha concluido.
Ella descansa en un sueño
muy tranquilo y ha ganado
una rica recompensa.
Su familia derrama
una lagrima silenciosa,
sus nietos también lloran.
Pero ellos se reunirán
otra vez con ELLA,
cuando la vida eterna nazca.
A todos los que me han querido en
vida y después de mi muerte
lamenten mi ausencia y conserven
gratos recuerdos míos, les suplico
que eleven al cielo nuestras fervorosas
oraciones por la paz de mi alma,
porque tengo mucha fe y alentadora
esperanza en que el Dios de las
misericordias las oirá come Padre
infinitamente bueno y yo se los
agradeceré y estimare como la
ultima y más dulce muestra de
cariño que sirva para guiarme en
mi camino y acercarme a nuestro
amadísimo Dios. No lloren, voy a
unirme a Dios y los espero en el cielo.
Me ausento de ustedes, pero mi amor
no morirá jamás. Los amare en el cielo,
como los ame en la tierra.