

Nos reunimos hoy no solo para despedir a Rosa Elena González Martínez, sino para dar gracias por la inmensa fortuna de haber compartido la vida con ella. Rosa Elena no medía el tiempo en años, sino en el amor incondicional que repartía a manos llenas entre su familia y amigos. Su partida física nos deja un vacío profundo, pero el calor de su recuerdo, sus sabios consejos y la ternura de su mirada se quedan grabados para siempre como el legado más valioso en los corazones de quienes la amamos.
La historia de Rosa Elena comenzó en Pajacuaran Michoacan, el 13 de octubre del 1956, cuando llegó al mundo para llenar de alegría el hogar formado por sus padres, Jose Gonzalez Zarate y Maria Martinez Elisea. Rosa Elena tuvo la fortuna de crecer en una familia numerosa y unida; fue la tercera de seis hijos, compartiendo su infancia, complicidades y juegos con sus hermanos: Maria de Jesus, Manuel Salvador, Guadalupe, Juan Jose y Margarita. Desde muy pequeña, en el seno de este hogar, comenzó a moldearse el corazón generoso y protector que siempre la caracterizó.
En el año 1974, Rosa Elena unió su vida a la de su compañero, Sebastián Barragán Vega. Juntos construyeron un hogar sólido y lleno de vida, bendecido con la llegada de sus 10 hijos: Ruben, Veronica, Maria del Rosario, Juan Antonio, Maria Guadalupe, Martin Alberto, Ulises Humberto, Jose Ignacio, Jorge Luis, Kendy Aide. Con el paso de los años, vio con orgullo a cada uno de sus hijos formar sus propios hogares y casarse. El amor de Rosa Elena se multiplicó con el tiempo, convirtiéndose en la abuela y bisabuela más amorosa para sus 22 nietos y 3 bisnietos, además de la dulce espera de dos bisnietos más por venir, quienes nacerán cobijados por su recuerdo espiritual.
Rosa Elena fue una mujer de gustos nobles y pacíficos. En la tranquilidad de sus tardes, disfrutaba tejer, dedicarse a la costura y sumergirse en la lectura. Su hogar siempre fue un reflejo de su esencia: un lugar donde cuidaba con esmero sus plantitas y donde nunca faltaba el alegre canto de sus pajaritos, pequeños placeres que llenaban su alma de alegría y paz.
Hoy, con el corazón lleno de nostalgia pero sobre todo de una profunda gratitud, te decimos: Gracias, mamá; gracias, abuela; gracias, Hermana; gracias esposa; gracias suegra; gracias, querida Rosa Elena. Gracias por cada puntada de amor con la que tejiste nuestras vidas, por enseñarnos a florecer como tus plantas y por dejarnos el canto de tu recuerdo en el alma. Agradecemos a Dios la bendición de tu vida y agradecemos también a cada uno de ustedes por acompañar a nuestra familia en este momento y cobijarnos con su cariño.Su viaje terrenal ha terminado, pero su luz se queda encendida en cada uno de nosotros.
Señor, te encomendamos el alma de tu hija Rosa Elena. Abre para ella las puertas de tu jardín celestial, donde ya no hay dolor ni tristeza, sino paz y alegría eterna. Permítele descansar en tus brazos, y a nosotros que nos quedamos aquí, concédenos el consuelo y la fuerza para mantenernos unidos bajo el amor que ella siempre nos enseñó. Amén
Siempre viviras en nuestros corazones, Que descanse en paz, Rosa Elena Gonzalez Martinez.
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v.1.18.0