

Aunque sus años fueron pocos, Julian se conducía con una madurez que destacaba. Abordaba sus estudios con responsabilidad y vivía con un espíritu ordenado y organizado en su vida cotidiana. Abrazó a Jehová sin vacilación, y su fe no era silenciosa ni distante; estaba presente en la manera en que amaba a los hermanos, en su deseo de hacer comentarios y en la alegría que hallaba en las actividades espirituales. Tuvo la oportunidad de salir a predicar y fue bendecido al asistir a su primera Conmemoración y a una asamblea, ocasiones que fortalecieron la esperanza que atesoraba en su corazón.
Julian era conocido por su firme devoción a su familia. Fue un gran hijo y un gran hermano: a menudo sonriente, genuinamente feliz y, en muchos sentidos, el centro de atención en el hogar. Su energía y calidez llenaban la casa, incluso en los pequeños y familiares momentos, como con la música que tanto amaba y que, a veces, impedía dormir a sus hermanos.
Hallaba una felicidad sencilla en las cosas que disfrutaba: el baloncesto, andar en bicicleta, ir a la nieve, los Hot Cheetos y la música. Le gustaba salir al patio a jugar con su perro. También demostraba un cuidadoso sentido de la responsabilidad en casa: estaba atento a la seguridad del hogar, era concienzudo al sacar la basura y siempre ayudaba a su madre en todo lo que podía. En estos actos cotidianos se hacía evidente su corazón generoso, ofrecido libremente y sin buscar reconocimiento.
Julian llegó a conocer y a aferrarse firmemente a la promesa de la Biblia de que, si alguien muere, Jehová lo resucitará. Aprendió sobre la esperanza de la resurrección y la certeza de que Dios limpiará toda lágrima, de que la muerte dejará de existir y de que la humanidad será restaurada. Julian solía decir que lo más importante era la amistad con Jehová; Jehová era su amigo. Esta fe sigue siendo una fuente de consuelo y fortaleza para quienes ahora lloran su pérdida, y moldea la esperanza con la que sus seres queridos miran hacia el futuro.
Con sincera gratitud, Mama e hermanos de Julian agradecen a todos aquellos que los apoyaron durante la búsqueda de su hijo y que continúan a su lado en estos momentos difíciles. Desde lo más profundo de sus corazones, expresan su sincero aprecio por cada acto de bondad y por su presencia, especialmente a sus hermanos y hermanas espirituales, cuyo apoyo les brindó un consuelo e hizo posible volver a ver a Julian. Julian será recordado con profundo amor: respetado por su espíritu fiel, atesorado por su devoción y honrado por la generosidad que mostró, tanto en los grandes gestos como en los más cotidianos. Su recuerdo permanece como una presencia perdurable en los corazones de todos aquellos que lo conocieron.
Las última conversación que tuvo Julian con su mama fue expresar el deseo de estar en el Salon del Reino.
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v.1.18.0