

Andrés Saavedra Iñíguez nació el 30 de noviembre de 1951 en Atemajac del Valle, Guadalajara, Jalisco, fruto del matrimonio de Vicente Saavedra Rubalcaba y Eliza Iñíguez López. Fue el tercero de cuatro hermanos: Antonio Saavedra, Josefina Saavedra, Andrés Saavedra y su hermana Silvia Saavedra, quien hoy le sobrevive. Desde muy joven manifestó un carácter firme, trabajador y perseverante. A los quince años aprendió el oficio de la tapicería, labor que marcaría su vida por más de sesenta años y que ejerció con excelencia, honestidad y dignidad. Su trabajo trascendió lo cotidiano: muchas de sus obras —muebles, sillas y piezas restauradas por sus manos— llegaron a formar parte de hogares de prestigio, solicitadas por quienes reconocían en él no solo habilidad, sino arte, dedicación y un profundo respeto por cada detalle. En cada jornada dejó un testimonio silencioso de integridad, demostrando que el verdadero valor de una vida se edifica con constancia, responsabilidad y fidelidad.
Desde la niñez conoció al amor de su vida, una relación que nació cuando ambos tenían apenas ocho años y que con el tiempo se convirtió en un pacto firme y duradero. El 2 de mayo de 1976, a los veinticinco años, Andrés contrajo matrimonio, iniciando una unión marcada por el amor, la lealtad y la fortaleza compartida. Dios bendijo ese matrimonio con ocho hijos, recibidos con esperanza, fe y un corazón dispuesto a amar. Uno de ellos no llegó a nacer conforme al tiempo terrenal, pero fue igualmente esperado, anhelado y guardado en el corazón, confiando siempre en la soberanía y la perfecta voluntad de Dios. Con el paso de los años, la familia creció y se fortaleció con cinco nueras y dos yernos, y con once nietos, cada uno recibido como un regalo precioso; uno de ellos, aunque no llegó a ver la luz de este mundo, fue igualmente amado y encomendado a Dios, descansando en Su promesa eterna. Andrés fue un esposo fiel, un padre presente y un pilar sólido cuya vida habló siempre con el ejemplo, aun en medio de silencios y pruebas que solo el corazón conoce.
En el año 1980, en la ciudad de Vista, California, Andrés tuvo un encuentro transformador con el evangelio de Jesucristo. El 25 de mayo de 1980 fue bautizado para el perdón de sus pecados por el ministro Rosendo Contreras, marcando un antes y un después en su vida y en la de su hogar. Su fe no fue solo confesada, sino vivida y transmitida con coherencia, pues sus hijos caminaron en el temor de Dios y abrazaron la fe cristiana. El 27 de agosto de 2005, en San Diego, en el Centro de Convenciones, Andrés Saavedra Iñíguez fue ordenado al ministerio, confirmando públicamente un llamado que ya ejercía con humildad, servicio y entrega sincera.
Dios le concedió además el privilegio de bautizar a su hija primogénita, Elizabeth Zavala, el 23 de septiembre de 1986, y años más tarde a su nieto Nathan S. Saavedra, el 8 de mayo de 2021, momentos que atesoró con profundo gozo espiritual. Su descendencia es amplia y bendecida:
Elizabeth Zavala y su esposo Adrián Zavala, quienes sirven como pastores, son padres de Katelyn N. Zavala, Aaron B. Zavala y Elisa J. Zavala;
Vicente Saavedra, ministro, y su esposa Priscilla M. Saavedra, son padres de Nathan S. Saavedra y Amaris G. Saavedra;
Abram Saavedra, ministro, y su esposa Mirna Saavedra, son padres de Matthew Abram Saavedra y Adilene P. Saavedra;
Samuel Saavedra, quien partió de este mundo a temprana edad y hoy descansa en la presencia de Dios, cuya vida, aunque breve, dejó una huella de honra, amor y respeto que permanece viva en el corazón de su familia;
Moisés Saavedra, ministro, y su esposa Cynthia Saavedra;
Sarai Maldonado y su esposo Eric Maldonado, padres de Eleah G. Maldonado y en espera del nacimiento de su hijo Benjamin S. Maldonado;
y Andrés Israel Saavedra y su esposa Siomara A. Saavedra, quienes esperan con gozo la llegada de su hijo Andrés O. Saavedra, aún por nacer.
Andrés Saavedra Iñíguez deja un legado que trasciende el tiempo: una vida de trabajo fiel, amor familiar profundo y fe inquebrantable en Dios. Su testimonio no se apaga con su partida; permanece vivo en cada hijo, en cada nieto, en cada ministerio y en cada vida tocada por su ejemplo. Vivió con honra, amó con entrega y confió en Dios aun cuando no todas las respuestas llegaron en esta vida. Su memoria permanece, y su legado continúa por generaciones.
The committal service will take place at Eternal Hills Memorial Park, 1999 El Camino Real, Oceanside, CA 92054, on January 22, 2026, from 12:00 pm to 12:45 pm.
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