

12 de diciembre de 1959 – 20 de diciembre de 2024
Marianela dedicó más de dos décadas al servicio como enfermera graduada, “RN”, profesión que desempeñó con excelencia, compasión y dedicación. Obtuvo su bachillerato en enfermería “magna cum laude” de la Universidad Interamericana de Ponce en 2005, destacándose siempre por su excelencia académica y profesional.
Marianela dedicó su vida al servicio de Dios y de su comunidad. A lo largo de los años, ocupó diversos roles en la Iglesia, donde desempeñó con dedicación y pasión su labor como Maestra de Escuela Bíblica, Líder de Mujeres, Directora de Misiones, Directora de Adoración y Tesorera de la Escuela Dominical del Distrito de Puerto Rico.
Su amor por la enseñanza y su compromiso con el Evangelio transformaron muchas vidas y guiaron a innumerables personas en su caminar espiritual.
Marianela se graduó del Instituto Bíblico de las Asambleas de Dios, donde consolidó su conocimiento y amor por la Palabra de Dios. A través de su servicio y su ejemplo, dejó una huella imborrable en la Iglesia y en aquellos que tuvieron el honor de trabajar junto a ella.
Le sobreviven su amado esposo, el Reverendo David De Jesús, pastor de la Iglesia Luz del Mundo en Tampa, Florida, sus tres hijas: Jennifer, Marianela, y Melany, así como en sus 11 queridos nietos: Christopher, Admarys, Melvin, Adrian, Emanuel, Sofía, Jan Derek, Daniel, Haniel, Elena y Evan y su bisnieto Maverick.
Marianela también será recordada con amor por su madre, Minerva Murillo; su hermano, David Murillo; y sus hermanas, Wanda Barret y Elvira Murillo. La precede en la eternidad su padre, José Murillo.
Marianela fue un ejemplo de virtud y dedicación. Como esposa, madre y abuela, se destacó por su devoción y amor incondicional. Su dulzura tocó las vidas de quienes la conocieron, y su voz, tan melodiosa como la de un ángel, seguirá resonando en los corazones de su familia y amigos. Su legado de amor, fe y servicio perdurará por siempre en quienes tuvieron el privilegio de conocerla.
“6. Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos, Y es hermosa la heredad que me ha tocado. 7. Bendeciré a Jehová que me aconseja; Aun en las noches me enseña mi conciencia. 8. A Jehová he puesto siempre delante de mí; Porque está a mi diestra, no seré conmovido. 9. Se alegró por tanto mi corazón, y se gozó mi alma; Mi carne también reposará confiadamente; 10. Porque no dejarás mi alma en el Seol, Ni permitirás que tu santo vea corrupción.11. Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre.”
Salmos 16:6-1
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v.1.18.0