

He was born on November 24, 1961, in El Anchondo, Chihuahua, Mexico, a place that shaped his spirit and remained in his heart throughout his life. As a teenager in 1978, Carlos immigrated to the United States in pursuit of opportunity and a better future. With courage, determination, and an unbreakable work ethic, he built a life defined by strength, resilience, and impact.
Carlos was a cowboy in every sense of the word. He was a horse trainer, a musician with his own band, and a man whose reputation for hard work took him across California, Wyoming, New Mexico, Colorado, Texas, Nevada, and Utah. He earned his high school diploma, obtained his contractor’s license, became a United States resident, and built his legacy with his own hands.
He was the proud owner of Los Lobos Paving and Construction, the company most recognized as the foundation of his success. Earlier in his journey he founded Quantum Carlos & Son, his first construction company, which laid the groundwork for the businesses that followed. In addition to construction, he owned a mechanic company, expanding his skills across multiple trades.
Carlos also created spaces that brought people together. He owned Mi México, a bar that celebrated music and culture, and later opened the restaurant El Charro, where community, pride, and connection thrived.
As one of the early Latino entrepreneurs in his field in Utah, Carlos mentored many people and helped others start their own businesses. He uplifted those around him and made people feel supported, capable, and empowered.
Carlos was bold, unfiltered, hilarious, passionate, protective, and fiercely independent. His voice carried and his presence filled a room. He loved Mexican music, Western films, Jackie Chan movies, and singing loudly without hesitation. He took pride in his pickup truck and his red dump truck. He loved baseball, camping, karate, fishing, construction, and wolves. His ranch in Mexico remained sacred to him, a place that connected him to his roots and the land that shaped him.
Carlos was sharp, resourceful, and quick thinking, the kind of man who could fix anything, build anything, and survive anything.
Beyond every title he carried in life, the role that mattered most to him was being a father.
Carlos was a loving father to Carolina Hernandez, Carlos Trevizo, Niko Trevizo, Carlina Trevizo, and Manuel Trevizo, and a proud grandfather to Analaya Trevizo and Luke Trevizo.
He is survived by his beloved wife Margarita Barajas and his mother Margarita Trevizo. He was preceded in death by his father Manuel Trevizo and his brother Milo Trevizo.
He also leaves behind his siblings Maria, Morayma, Eric, Natalio, Onario, Sigifredo, Lydia, Lencho, and Tomas.
As a father, Carlos was playful and deeply wise. He gave his children silly nicknames and created memories that will last a lifetime. From long road trips to job sites to quiet mornings fishing, he turned everyday moments into lessons. He taught business, resilience, kindness, and love. He showed his children how to work hard, think quickly, stand tall, and care for others. He led by example and built strength and character that will carry forward for generations.
Carlos Clemente Trevizo Acosta lived boldly, loved fiercely, and built something out of nothing. His life stands as proof that courage can change generations.
“Bien, buen siervo y fiel; entra en el gozo de tu Señor.”
Mateo 25:23
Though his voice is quiet now, his strength remains. His legacy lives on in the lives he shaped and in the family he loved.
Buenobye for now, until we meet again.
Spanish version:
En Amorosa Memoria de
Carlos Clemente Trevizo Acosta
24 de noviembre de 1961 – 26 de febrero de 2026
Carlos Clemente Trevizo Acosta falleció el 26 de febrero de 2026 en Salt Lake City, Utah, después de una valiente batalla contra el cáncer de pulmón. Tenía 64 años.
Nació el 24 de noviembre de 1961 en El Anchondo, Chihuahua, México, un lugar que formó su carácter y que siempre llevó en el corazón. En su adolescencia, en 1978, Carlos emigró a los Estados Unidos en busca de oportunidades y de un mejor futuro. Con valentía, determinación y una ética de trabajo inquebrantable, construyó una vida marcada por la fortaleza, la perseverancia y el impacto.
Carlos fue un vaquero en toda la extensión de la palabra. Fue entrenador de caballos, músico con su propia banda y un hombre cuya reputación de trabajador incansable lo llevó por California, Wyoming, Nuevo México, Colorado, Texas, Nevada y Utah. Obtuvo su diploma de preparatoria, consiguió su licencia de contratista, se convirtió en residente de los Estados Unidos y construyó su legado con sus propias manos.
Fue el orgulloso propietario de Los Lobos Paving and Construction, la empresa que se convirtió en el pilar de su trayectoria empresarial. Antes de eso fundó Quantum Carlos & Son, su primera compañía de construcción, donde comenzó a trazar el camino de lo que después sería una vida dedicada al trabajo y al emprendimiento. También fue dueño de un negocio de mecánica, ampliando sus habilidades y su compromiso con distintos oficios.
A lo largo de los años, Carlos también creó espacios donde la cultura y la comunidad podían reunirse. Fue propietario de Mi México, un bar que celebraba la música y la tradición, y posteriormente del restaurante El Charro, donde el orgullo cultural, la amistad y la convivencia florecieron.
Como uno de los primeros empresarios latinos en su campo en Utah, Carlos ayudó a muchas personas a salir adelante. A lo largo de su vida aconsejó, apoyó y motivó a quienes querían iniciar sus propios negocios o aprender el oficio de la construcción. Su generosidad y liderazgo dejaron una huella profunda en quienes lo conocieron.
Carlos era un hombre valiente, directo, divertido, apasionado, protector y profundamente independiente. Su voz se hacía escuchar y su presencia llenaba cualquier lugar. Amaba la música mexicana, las películas del oeste, las películas de Jackie Chan y cantar sin pena ni miedo. Sentía orgullo por su camioneta y por su camión de volteo rojo. Disfrutaba el béisbol, acampar, el karate, la pesca, la construcción y los lobos. Su rancho en México siempre fue un lugar sagrado para él, un recordatorio de sus raíces y de la tierra que lo formó.
Carlos era inteligente, ingenioso y de pensamiento rápido. Era el tipo de hombre que podía arreglar cualquier cosa, construir cualquier cosa y enfrentar cualquier desafío.
Pero más allá de todos los títulos que tuvo en la vida, el papel que llevó con mayor orgullo fue el de padre.
Carlos fue un padre amoroso para Carolina Hernandez, Carlos Trevizo, Niko Trevizo, Carlina Trevizo y Manuel Trevizo, y un abuelo orgulloso de Analaya Trevizo y Luke Trevizo.
Le sobreviven su amada esposa Margarita Barajas y su madre Margarita Trevizo. Fue precedido en la muerte por su padre Manuel Trevizo y su hermano Milo Trevizo.
También deja a sus hermanos Maria, Morayma, Eric, Natalio, Onario, Sigifredo, Lydia, Lencho y Tomas.
Como padre, Carlos era juguetón y profundamente sabio. Les puso apodos cariñosos a sus hijos y creó recuerdos que vivirán para siempre. Desde largos viajes a los trabajos hasta tranquilas mañanas pescando, cada momento era una oportunidad para enseñar. Les enseñó negocios, resiliencia, bondad y amor. Les mostró cómo trabajar duro, pensar con rapidez, mantenerse firmes y cuidar de los demás. Lideró con el ejemplo, formando una fortaleza y un carácter que vivirá en las generaciones que siguen.
Carlos Clemente Trevizo Acosta vivió con valentía, amó con intensidad y construyó algo grande partiendo de muy poco. Su vida es prueba de que el coraje y la determinación pueden cambiar generaciones.
«Bien, buen siervo y fiel; entra en el gozo de tu Señor.»
Mateo 25:23
Aunque su voz ahora guarda silencio, su fuerza permanece. Su legado vive en las vidas que tocó y en la familia que tanto amó.
Hasta pronto, vaquero. Buenobye.
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v.1.18.0