

Jesús tenía un corazón generoso y una sensibilidad especial hacia los demás. Siempre estaba dispuesto a compartir, a ayudar y a dar sin esperar nada a cambio. Su bondad se manifestaba en los pequeños detalles y en su forma genuina de estar presente para quienes amaba.
Disfrutaba profundamente de las cosas que le daban alegría: el karaoke, los videojuegos, el mar y la música. Le gustaba especialmente la música de Billie Eilish, que escuchaba con frecuencia. También amaba el rock en español y a menudo cantaba en casa canciones de Enrique Bunbury; era muy común escucharlo acompañado de su guitarra. Además, una de las cosas que más disfrutaba era salir a comer y descubrir nuevos lugares de distintas culturas y etnias, así como planear viajes familiares. Era muy común que saliera con sus papás, hermanos y sobrinos a disfrutar y explorar nuevos lugares en San Diego o Tijuana, momentos que hoy se recuerdan con especial cariño.
Sus sobrinos, Fernanda Lara y Cesar Mamasig, eran su vida. Con ellos compartía risas, complicidad y un amor incondicional. Como tío, fue cercano, protector y profundamente orgulloso; más que un tío, fue un amigo y un gran apoyo.
Jesús enfrentó grandes desafíos de salud a lo largo de su vida con valentía y resiliencia. A pesar del dolor y las dificultades, luchó con fortaleza. Su familia encuentra consuelo al saber que su sufrimiento ha terminado y que hoy descansa en paz.
Le sobreviven su amada madre, Martha Negrete; su padrastro, José Negrete; sus hermanos, Guillermo Lara y Martha Lara; sus cuñados, Guillermina Cruz y Cesario Mamasig; sus queridos sobrinos, así como familiares y amigos que siempre lo llevarán en el corazón.
Jesús será recordado por su generosidad, su ternura, su sentido del humor y el profundo amor que sentía por su familia. Aunque su ausencia deja un vacío inmenso, su memoria vivirá para siempre en cada historia compartida, en cada canción cantada y en cada recuerdo lleno de amor.
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v.1.18.0