

Hna. Lilia Ruiz Alcántar, una mujer de fe inquebrantable, espíritu guerrero y corazón noble, quien partió para estar con el Señor el 9 de junio de 2026.
La Hna. Lilia fue llamada a la Iglesia del Dios Vivo, Columna y Apoyo de la Verdad, La Luz del Mundo, el 6 de abril de 1983, por medio del Hno. Neftalí Álvarez, y recibió el don del Espíritu Santo en octubre de 1985, siendo dada por espiritual por el Hno. Jesús Magallón.
Desde entonces, dedicó su vida al servicio de Dios, permaneciendo firme en su fe hasta el último día de su existencia.
Durante más de 15 años, sirvió con responsabilidad y dedicación en la Comisión de Finanzas de la colonia Maestro Aarón Joaquín, desempeñando su labor con honestidad, compromiso y amor por la obra del Señor.
Fue una hermana trabajadora e incansable, siempre dispuesta a colaborar en ventas de grupo, actividades de la iglesia y cualquier necesidad de la comunidad.
La Hna. Lilia fue una mujer valiente que enfrentó innumerables pruebas a lo largo de su vida.
Luchó por su fe, por su familia y por mantener la unión familiar hasta el último de sus días.
Su amor por sus hijos, nietos, familiares y hermanos en la fe fue evidente en cada acción y sacrificio que realizó
En su vida profesional ejerció la noble profesión de enfermera por más de veinte años.
Trabajó en el Hospital Philadelphia en la ciudad de Tijuana, Baja California, donde entregó lo mejor de sí con entrega, vocación y amor por los demás.
Sus pacientes la amaban y respetaban por la calidez, paciencia y cariño con que los atendía.
Siempre buscó la manera de ayudar a quienes la rodeaban, ofreciendo no solamente atención médica, sino también palabras de aliento y esperanza.
Gracias a su esfuerzo, dedicación y arduo trabajo como enfermera, logró sacar adelante a su familia y brindarles un ejemplo de perseverancia y responsabilidad.
Quienes tuvieron el privilegio de conocerla recordarán a una mujer reservada pero cálida, humilde pero fuerte, noble de corazón y siempre dispuesta a servir.
Su vida fue un testimonio de lucha, sacrificio, fe y amor.
Hoy nos consuela saber que su carrera ha terminado victoriosamente y que ha triunfado en el Señor, dejando un legado imborrable en todos aquellos que tuvieron la bendición de compartir su vida.
Su memoria, su ejemplo y su amor vivirán para siempre en nuestros corazones.
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v.1.18.0